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El Eco del Isuela nº 11

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una de las famosas PEÑAS

que venimos mencionando

y ver desde el pueblo podéis

si agudo ingenio tenéis.

 

-Con fantasía, yo espero,

que sigais investigando

pues, con imaginación y esmero,

más trozos encontraréis-.

Eliminando el segundo,

la bruja se dió un respiro

antes de quitar del mundo

al gran MÓN de los suspiros.

 

Mas, como éste no era un zote,

echó en falta a su familia

y púsose a investigar

y en cuatro pasos y un bote

enseguida se dió cuenta

de los que allí sucedía.

Su ojete a pólvora olía

y no quiso litigar.

 

De la cueva cogió el arma

y dando un grito de alarma,

a la vez que un manotazo,

a un risco dióle tal tajo

que lo sesgó de arriba, abajo,

creando un desfiladero

y, que si le dáis un vistazo,

lo tomaréis por sendero

mas que os sobrecoja el alma.

 

Largóse pues el tal MÓN,

más al galope que al trote,

a la par que alguna coz,

o ambas cosas al alimón,

por darse pronto el bote

de la bruja de Trasmoz.

 

Subióse a una cima presto,

la más alta que encontró

y, una vez allí dispuesto,

al sueño se entregó.

 

La bruja se fue a su castillo

bien arropada en sus sayos

mas antes pasó por los Fayos

con su escoba y su cestillo

por alertar a un tal Caco,

-un famoso gigantón

que en este pueblo moraba-,

donde estaba el Ogro MÓN

y fuera a darle por saco.

 

Enterado el gigantón

que con bueyes estaba arando,

decidió sin dilación

darle lucha a ese matón.

 

Atrapa el arado entero,

porque esas eran sus leyes,

y como si fuese un plumero

-mas esta vez sin los bueyes-,

a la cima se encarama

y allí dormido lo encuentra.

 

Coge el timón con la diestra

y le atiza en la cama,

con la esteba y el barrón,

dejando al Ogro MÓN

para siempre con más fama;

pues yaciente allí se encuentra

según es la tradición.

El gigantón de los Fayos

se proclama vencedor

y como si fuesen rayos

los gritos del ganador

se propagan con ardor

del feudal a los lacayos.

 

¿Mas, sabéis cual era el grito

del gigantón, ya descrito?

Este grito es el origen

del nombre de una montaña

que es castellana y es maña

y en su cumbre hay una Virgen

que del PILAR es su nombre,

y este es el grito del hombre:

¡¡MÓN, cayó!!

Y todos con algarabía

mirando hacia la cumbre

gritaban con alegría:

¡¡MÓN cayó; MÓN cayó!!

 

Y esta frase jubilosa,

por mera degeneración

con el transcurrir del tiempo.

unida y sin tildación,

a esta montaña famosa

que de Aragón es su "mayo"

y de su climatología diosa,

se inscribió en orografía

con el nombre de MONCAYO.

 

Y así se acabó la historia

de esta familia extraña

que hace ya muchos años

-antes de Mari-Castaña-,

habitaba en estos lares

muy cerquita de CALCENA.

El ogro MON, en una de sus visitas al pueblo, obligó a dos de sus primitivos pobladores a arrastrar un carro

    

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