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El Eco del Isuela nº 11

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*******NOTICIAS BREVES*******

(buenas y malas)

 

**- Tras dos años (con las trasnochadas del verano y las sentadas del invierno) Jutta y Fermín dejan el bar. Nos apena, pues han dado un servicio bueno y amable. Gracias.

 

**- El BAR seguirá abierto puesta parece que hay personas dispuestas a llevarlo. Intentaremos informar más detalladamente.

 

**- Ha dejado de prestar servicio el cuartel de la Guardia Civil de Aranda de Moncayo, a pesar de la oposición de los pueblos de la comarca, incluído Calcena. Desde octubre nuestro pueblo depende del cuartel de Brea de Aragón.

 

**- Calcena se llena de empresarios. A Pedro José en la tienda, "Kike" con sus instalaciones eléctricas y los pastores, se han añadido Alejandro Lasheras, Luis Sebastián y Fermín Pérez que se han convertido en albañiles autónomos. Les deseamos que trabajen mucho.

 

**- Las escombreras que rodeaban el pueblo han sido clausuradas y adecentadas por el Ayuntamiento. En su lugar se utiliza un lugar enclavado entre el cementerio y la ermita de San José. Ahora sólo queda que  arrojar allí basuras y escombros. Calcena, nuestros hijos y nietos agradeceran vivir en un pueblo sin desperdicios por alrededor.

 

**- Como en el año pasado se está esclareciendo el pinar del pueblo, retirando las ramas sobrantes y puede ser que se replante en algunas ocasiones.

 

**- Vicente Lapuente se ha ofrecido a representar a nuestra Asociación ante la Asociación para el Desarrollo del Somontano del Moncayo que, al parecer, se encuentra algo "parada" como consecuencia de los avatares políticos. Veremos que pasa.

 

 

CALCENA EN LOS "EPIDOSIOS NACIONALES".

3ª parte y final  (comienza en el eco 9 página 9)

 

     Estaba comiendo "el Empecinado" en el Ayuntamiento de Calcena, cuando un hombre se presentó en la sala.

     - ¡Tío Garrapinillos de mi alma!. Siéntate y toma un bocado.

     - Vengo a que me devuelvas lo que me han robado -clamó con violenta cólera el campesino, cerrando los puños y jurando y votando- pues soy hombre que sabe defender el pan de sus hijos.

     - Garrapinillos -manifestó El Empecinado- "pué" que te hayan sacado algún dinero, si los jefes impusieron contribución para sostenimiento de las tropas, porque la Junta no nos paga y el ejército ha de vivir.

     - Yo he pagado mis tributos siete veces en dos meses. He dado en aguardiente y en pan más de lo ganado en un mes. Esta mañana me pidieron doce pesos y los di, quedándome sólo dos y medio.

     - ¿Y eso es lo que te han robado?.

     - Lo que me han robado es treinta cuatro pesos que mi mujer tenía guardados en su arca... ¡ porra !. Lo ganado en diez años. Yo había salido a la calle en busca de los chicos que se salieron a ver fusilar franceses. Ese señor, dijo señalando a Alauín, había entrado en casa pidiendo dinero, amenazando con fusilar hasta el gato si no se lo daban. Rompió las arcas, los cofres y vaciado la lana de los colchones, hasta que dió con el calcentín, lo vació y contó el dinero. Señor General, yo le digo a vuecencia que le mato sin compasión como se mata a un perro, aunque sé que la tropa se echará sobre Garrapinillos para fusilarle y mi mujer se quedará viuda y mis siete hijos huérfanos.

     - Garrapinillos -dijo Juan Martín gravemente- en campaña ocurren estas marimorenas y no es sino ley "nesorable" de la guerra. Es preciso sacrificarse por la patria. Este pueblo dicen que agsaja al francés...Malo, malo...pero en fin, tío Garrapinillos, de mi bolsillo particular te doy los treinta y cuatro pesos.

     - Gracias Juan Martín. Saben que les quiere el tío Garrapinillos, que vive en la esquina de la calle la Landre, para lo que guste mandar. Y salió de la estancia.

            El Empecinado ordenó traer luces y dijo:  

   

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