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El Eco del Isuela nº 11

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- Que me entreguen lo que se ha recogido en Calcena y yo diré lo que se puede enviar a la Junta y lo que ha de quedarse en la caja del ejército para sus necesidades......

 

y así termina el capítulo que Benito Pérez Galdós dedica a Calcena dentro de sus Episodios Nacionales. Según este autor, además de perder su archivo parroquial, Calcena fue esquilmada y destruída parcialmente por los franceses (por española) y por los españoles (por afrancesada). ¡Cosas de la vida!.

 

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ESTE AÑO NO HA HABIDO PROBLEMAS, porque tampoco ha habido rebollones.

Para el año 1995, la DGA había dictado las siguientes normas destinadas a proteger los montes de setas: 1.- no se podían coger para consumo personal más de cinco kilos. 2.- el recipiente debía permitir la aireación y que caigan esporas de las setas cortadas. 3.- no se permitía el uso de rastrillos y sólo cuchillo. 4.- no era posible coger setas muy pequeñas y las estropeadas debían ser dejadas en su sitio para permitir la germinación de nuevas esporas. 5.- no se permitía la recogida desde una hora antes de ponerse el sol, hasta una después de salir.

Desgraciadamente la sequía ha impedido que haya un buen año de setas y que ingresen dinero en el pueblo.

 

 

 

****EL OGRO MÓN Y SU FAMILIA****

 

Este cuento se lo dedico a todos los chicos/as que han nacido, descienden o visitan nuestra Villa de Calcena.

 

Por Severino Sebastián Horno

 

  

Dicen que ha muchos años

-antes de Mari-Castaña-

habitaba en estos lares

-ya conoceréis la escena-

una familia extraña

muy cerquita de Calcena.

 

Una familia compuesta

por tres ogros gigantones:

al padre lo apodaban MÓN,

a la madre PANADERA

y al hijo, mientras fue chico,

BOLICHE, su apodo era;

pues siempre estaba jugando

con los bolos en la cueva,

hasta que ya fue creciendo

y no pudo entrar en ella

y por decir que no "quepo",

dijo el mamón que no "cabo",

y desde entonces su apodo

en vez de Boliche es CABO.

Y a la cueva, hasta esta era,

la llamamos BOLICHERA.

 

La madre hacía el pan

más arriba en otra cueva,

por tener cerca encinares

y en la HOYA, ALLAGARES.

Todavía queda un bollo

petrificado y erguido,

-¿o no es bollo y es chorizo?-

justo debajo la cueva

y que es denominado

como EL ZURRUTO LA HORNERA.

 

Papá MÓN que era un brutazo,

colérico y antropófago,

por comerse de una vez

a un pastor,

una cabra y su lechazo,

veinte cebollas,

cien ajos y,

como aún tenía avidez,

se zampó a un carnero.

Todo bien salpimentado

en la PEÑA EL SALERO.

Dióle tal telele su estómago

que en una piedra apoyado

tres días giñando anduvo

con cagueruelas el culo.

Y hasta hoy, mal que te huela,

todos la denominamos

-aunque algo tergiversado-,

la piedra LA ESCAREGÜELA,

y ya, al puente a la vez.

 

 

Y que jaleo llevaban

una búha y un búho,

oyendo danzar el culo,

gruñendo al ogro grosero,

desde el redondo agujero

que los mismos anidaban

y que hasta hoy, por Belcebú,

se dice EL RINCÓN DEL BU.

   

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