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El Eco del Isuela nº 12

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EL ALBERGUE EN MARCHA

 

 

Durante estos meses el Albergue de Calcena ha ido, poco a poco, poniéndose en marcha y haciendo su "rodaje". Los fines de semana y puentes, en especial, ha acogido a visitantes que han venido a disfrutar de nuestro pueblo. Cuando han decidido venir a Calcena, es porque les ha llegado referencia de sus paisajes, de su Iglesia, de la calidad del albergue o simplemente por curiosidad. Vienen dispuestos a aprender y a respetar, y su presencia puede ayudar a mantener la tienda, el bar y  servicios públicos de los que se benefician todos los que viven, habitualmente o a temporadas, en el pueblo. El turismo quizás sea el último tren que Calcena pueda coger para asegurar su permanencia. Por ello, interesa que los visitantes se vayan contentos, orientándoles y ayudándoles en lo posible. Lo contrario es tirar piedras contra nuestro propio tejado

   

 

¿QUIÉN ES QUIÉN?

 

         En Calcena hay una serie de apellidos muy frecuentes, tales como Lasheras, Sebastián, Pérez, Marco, Modrego, Tormes, ... Hace tiempo, Nieves Sebastián y María Luz Horno nos hicieron llegar este artículo donde se explica cómo aparecieron los apellidos.

 

         Tratad de imaginad lo que sería pasar un sólo día, en la época actual, sin apellido. Resultaría un caos. Y, sin embargo, a principios del siglo VIII, cuando los árabes derrotaron a Don Rodrigo en la batalla de Guadalete, cualquier persona podía arreglárselas perfectamente con un simple nombre de pila.

 

Sólo cuando aumentó la población comprendieron nuestros antepasados la necesidad de identificarse ante los desconocidos mediante la adopción de apodos o sobrenombres. No obstante, en la práctica, el uso de otros apelativos a menudo llevó al exceso.

 

Alguno de los apellidos se originaron simplemente añadiendo el nombre del padre, al propio: Juán Gil, Pedro Andrés, etc... Pero al aumentar la necesidad de una identificación más específica. El oficio de cada nombre saltó con una mayor profusión a los labios de los vecinos, p. ej: Carbonero, Carnicero, Escribano, Herrero, Sastre, etc,...

 

También se adoptaban frecuentemente como apellidos títulos y dignidades. P. ej.: Abad, Conde, Confesor, Caballero, etc,...

 

Muchos apellidos surgieron como expresión del aspecto personal. El color del cabello - o ausencia de él-: Cano, Moreno, Rubio, Calvo, etc,... Así como las relativas al tamaño de la persona: Gordo, Redondo, Seco, Chico.

 

Los nombres de lugar proporcionan también un instrumento descrptivo. Así tenemos Calleja, Palomar, Cuadra, Puente. Después de García, los apellidos españoles más frecuentes son Pérez, Martínez y Rodriguez. Estos se forman añadiendo "EZ" al nombre del padre, que procede del genitivo latino "IS", indicando posesión: hijo de Pedro, hijo de Martín. Algunos nombres de pila dieron origen a varios apellidos: Sancho pasó a Sánchez, Sanz, Sáinz y Saéz.

 

Pocos apellidos españoles se han originado después del reinado de Isabel y Fernando.

 

Jerónimo D. de Aguilar y Blardony

Genealogista

 

Desde estas líneas animamos a los colaboradores de El Eco del Isuela a estudiar "nuestros" apellidos

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