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El Eco del Isuela nº 12

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RESTAURACIÓN "CASA ARCADIO"

 

En el último número de la revista de "El Eco del Isuela" animábais a escribir algún artículo exponiendo si merece la pena invertir en restaurar  una casa en nuestro querido pueblo, CALCENA.

A través de estas líneas quiero poner de manifiesto los puntos de vista que nos llevaron a quedarnos con la casa en la que yo había nacido y a restaurarla.

En primer lugar os diré que el primer motivo fue el sentimiento de saber que allí en Calcena estaban mis raíces, había nacido y crecido, los patios de la escuela, su plaza la de Don Severino Aznar, sus calles habían sido mi lugar de juego hasta los díez años.

 

 

En segundo lugar no sólo yo me siento identificada con el pueblo, mi marido y mis hijos disfrutan de su estancia, los niños pueden gozar de esa libertad que en la ciudad no poseen, entran y salen de casa sin ningún problema.  Además un pueblo pequeño en el que todos nos conocemos, hablamos y nos sentimos plenamente identificados por tener  muchas cosas en común, no eres forastero.

 

Calcena es un pueblo que tiene unos días soleados excelentes, se respira un aire sin contaminar, tiene un paisaje precioso, permite hacer excursiones, a pie o en bicicleta (a caballo, podría ser otra alternativa para hacer rutas enfocadas al turismo o visitantes del albergue), tiene un agua de manantial cristalina y fresca que te permite en los días de calor ir a darte un chapuzón al "Batán" y que la sangre se te quede congelada lo que facilita que el resto del día pases menos calor, un clima de montaña muy saludable para toda la familia, posee esa tranquilidad que sobre todo anhelamos los que vivimos en la urbe y en la que nuestro ritmo de vida discurre a contrarreloj.  En Calcena el tiempo parece que se duplica, a los amantes de la pesca les permite poder echar sus cañas en su dificultoso río para la práctica de este deporte, disfrutar de la fotografía, sobretodo en primavera y otoño donde los colores son dignos de ser captados , y por último también citaría, poder contemplar en las noches de verano su cielo estrellado, fuera del resplandor de luces de una gran ciudad.

 

Creo que por todas estas cosas que he ido enumerando merece la pena  hacer el esfuerzo por mantener y recuperar algo que consideramos muy nuestro, que inmersos en una sociedad de consumo, en la que vivimos, la mayoría de las veces, solo tratamos de conseguir bienes materiales, olvidándonos de lo que en algunos momentos nos dicta nuestro corazón, nuestros sentimientos.

 

Ha llegado el momento en que seamos los hijos de Calcena los que participemos activamente en su superviviencia. Hasta ahora habían sido las instituciones aragonesas (DGA y DPZ) las que nos habían ayudado a levantar de nuevo el pueblo (Iglesia, pavimentación de calles, albergue, etc.) hoy en día sus arcas  atraviesan déficit en sus presupuestos con lo que será difícil conseguir que nos sigan concediendo subvenciones. 

 

Seamos nosotros los que procedemos de allí, los que tomemos la iniciativa, somos la parte mas interesada, porque seremos nosotros los que disfrutaremos con nuestra estancia de su tranquilidad, su clima, su paisaje, fuera del ruido y la contaminación de la gran ciudad, y también siendo realista, pienso que tal vez dentro de unos años sea solamente un lugar dónde pasar nuestras vacaciones, pero allí lo tendremos inamovible, continuará siento nuestro lugar de encuentro.

 

Me siento orgullosa de haber contribuido a que la casa en la que yo nací, se haya vuelto todavía mas acogedora de lo que ya era, hemos sido respetuosos  en la restauración, tiene una distribución perfecta  y una orientación que permite que los rayos de sol penetren desde el amanecer hasta la puesta de sol, esta ubicada en un lugar privilegiado, desde sus ventanas y terraza, se pueden contemplar las "Peñas de Cabo" que se alzan majestuosas al frente de la misma, así como la Ermita de San Cristóbal.. 

   

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