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El Eco del Isuela nº 15

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Somontano sur del Moncayo (2)    Comienza en el eco 14 página 15

cilla ermita, erigida dentro de espeso arbolado junto al río y en donde se veneraba una imagen de la Señora por los lugareños, esta imagen es la de la Virgen del Capítulo patrona de Trasobares, que hoy se halla en paradero desconocido, debido a que en la noche del Miércoles al Jueves Santo del año 1975 fue robada, su pista se ha perdido hasta nuestros días, aunque la fe de las gentes del lugar no se ha perdido, y siguen con la esperanza deque algún día vuelva a presidir sus hogares.

En este pueblo fue fundado el primer Monasterio de Aragón de Monjas Bernardas por Doña Toda Ramírez, hija de Ramiro El Monje, fue patrocinado por el Rey Alfonso 1 el Batallador, pero fue Don Alfonso II quien concedió a Trasobares la «Carta Puebla» o Acta de Funda­ción en 1190.

La Orden Militar de los Templarios primero y, al suprimirse ésta, la de San Juan de Jerusalén poseía Añón, Talamantes, Ambel, Alberite, Fuendejalón. Más al sur Purujosa, y Calcena en la cabecera del Isuela eran de la mitra episcopal de Tarazona, otra potencia que no admitía rival. En Calcena está la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Reyes de construcción tardogótica, recientemente restaurada.

El Somontano y la cabecera del Isuela, que recibieron casi en su totalidad población cristiana, tuvieron más personalidad jurídica. De economía pobre, dependientes de un señor, tenían su fuero de villanos de Ejea o Zaragoza, con una capacidad de defensa mayor que los pueblos musulmanes. Situados algunos en el Somontano Norte, en la zona de influencia de Tarazona, fueron los únicos que discutieron el derecho exclusivo que se arrogaba de la Dehesa del Moncayo, aunque frente a la ciudad del Queiles no podían tener esperanza de éxito. Los del Somontano Sur vivieron en mejores condiciones respecto a su señor, aunque la mayor pobreza de la tierra determinaba en todo el Somontano un resultado real económico más 

pobre que los pueblos musulmanes del llano irrigado, más cargados en tributación, pero de una tierra más rica que compensaba con creces la inferioridad de derechos.

Después de la conquista cristiana del siglo XII y durante una época que dura hasta la abolición de los derechos señoriales en el primer tercio del siglo XIX, había dos ciudades y tres señoríos principales en nuestra región. Las ciudades eran Borja y Tarazona, cada una con grandes derechos en su valle. De los señoríos el principal era el Monasterio de Veruela y, en menor escala, la mitra de Tarazona y la Orden de San Juan de Jerusalén que sustituyó a los Templarios en sus antiguas posesiones. Todos estos poderes tenían una serie de derechos civiles, pero sobre todo de riegos y ganaderos, los dos elementos fundamentales en la organización de la vida regional. No hubo apenas variación durante siglos y, por eso se formó un ciclo económico, el más largo de la historia regional y que ha dejado profunda huella aún en su ciclo actual.

Pero si en cuanto a derechos y control absoluto queda dividido el Valle del Huecha en varios poderes, siempre fueron dos ciudades los únicos núcleos importantes y los que organizaron todo el comercio y vida regional: Borja desde la cabecera del Isuela hasta el Ebro en el Huecha, y Tarazona desde el Moncayo hasta Navarra en el Queiles.

Después la organización jurídico-social y el ciclo de economía antigua se rompen en el siglo XIX al desaparecer los deudos señoriales e iniciarse una economía liberal. Este cambio fue rápido en la situación jurídica, pero se realizó con lentitud a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX. En el ciclo económico antiguo sólo un acontecimiento tuvo importancia por la ruina momentánea que ocasionó: fue la expulsión de los moriscos muy numerosos en la región, a comienzos del siglo XVII. Ocasioné una catástrofe de la que se recuperé lentamente, una disminución en el nivel de vida, pero no una modificación de las

 condiciones económicas y jurídicas que continuaron siendo sustancialmente las mismas hasta comienzos del siglo XIX.

El hombre al organizarse modifica el medio de la Naturaleza, pero siempre queda dependiendo de ella. La diversidad del clima y de los suelos condicionan las posibilidades de toda economía rural. Por eso en nuestra región, debido a su suelo y su clima, se dan las siguientes formas de cultivo:

 

Tierras de regadío: como son los huertos, que se dan siempre en las cercanías de los pueblos y su extensión es más bien pequeña. La huerta que es de una más grande extensión y es la zona de regadío de más importancia económica. La orillada, que la tierra es peor y menor su riego, predomina en ella el cascajo y su cultivo casi exclusivo es la vid y el olivo.

Monte o secano: que como su nombre indica, es toda extensión de tierra que no se riega. La función del monte tuvo una importancia esencial en el antiguo ciclo económico de gran dedicación ganadera y lo es actualmente, pero ya como complemento de la huerta.

Los cambios sustanciales en la economía regional han sido las modificaciones del cultivo en la huerta y la distinta vocación del monte:

antes era ganadero y ahora agrícola. La montaña se ha empobrecido al perder su única vocación: la forestal.

Hasta mediados del siglo XIX un tipo uniforme de cultivos se perpetué durante siglos que eran:

Hortalizas en los huertos; cereal, lino y cáñamo en la huerta; vid y olivar en la orillada; vid y cereal y algo de olivar en los retazos cultivados del monte o secano.

Los huertos: pequeños pero vitales para la economía casera del labra-

   

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