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El Eco del Isuela nº 15

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PASTOREO POR CALCENA

Del 5 al 15 de junio, desde Olvega venía una cuadrilla de 25-30 esquiladores y otra de Borobia. Trabajaban en toda la ribera. Salían de casa a principios de abril y terminaban a principios de julio en los picos de Urbión (Covaleda). Esquilaban con tijera unas 40 ovejas diarias, echándolas a suerte para saber cuales nos tocaban a cada uno.

Después de esquilar venía la época de la siega. Por la noche íbamos de pastores y por el día a regar, segar, trillar, picar judías, etc.

Después en octubre o noviembre veníamos a los pastos de patatas cerca del pueblo, y a la vendimia. Cuando venía el frío las ovejas se guardaban en las numerosas parideras que por entonces todavía estaban sin hundir. Parían en invierno, entre los meses de diciembre y enero, época en que pasaban mucho hambre pues las nevadas caían una sobre otra. ¿Donde están esas nevadas que ahora sólo las vemos en televisión?. Los corderos no se podían vender bien y venían los de abastos que los pagaban como querían. Por ello no gastábamos pienso, pues valía más el collar que el perro. Mi padre decía que los carneros que dejaban los capaban y los vendían cuando podía. También contaba que en sus años los corderos de veinte a veinticinco kilos los vendía a 60 pesetas.

Por el año 1945 se comenzó a plantar pinos en bastantes hectáreas, cogiendo terreno poco a poco, por lo que tuvimos que emigrar de Calcena.

Ahora hay unas 500 cabezas de ganado y los pastores tienen que arrendar las hierbas para que puedan pastar.

 

Vicente Modrego

 

Castillos de Herrera

 

Me llamo Vicente Modrego Pérez. Nací en Calcena, provincia de Zaragoza, el 22 de enero de 1929.

Mi pueblo linda con pueblos de la provincia de Soria, como Borobia. Cerca está el Moncayo, los castillos de Herrera y el Cabezo de la Tonda donde mojonan Calcena y Talamantes. Aquí pasé parte de mi vida.

En casa éramos seís hermanos; tres varones y tres mujeres. Teníamos ganado propio, un poco de huerta, viñas y cereales. Mi hermano mayor me llevaba seis años y quedó en puertas de ir a la guerra. Estuvo de pastor hasta el 1 de marzo de 1939, día en el que dejé la escuela (en la que por aquellos años había cuatro maestros) y le relevé en el oficio de pastor. Estuve hasta los 18 años, momento en que mi hermano pequeño, a quien le llevo dos años, me cogió el relevo.

Pues bien, mi padre me puso de pastor con unas ciento cincuenta ovejas. El o mi hermano mayor me acompañaban al principio.

El pastoreo lo hacía por la zona de los Castillos de Herrera y el Cabezo de la Tonda que andando están a unas tres horas del pueblo.

En verano nos quedábamos tres o cuatro meses por el monte. Nos llevábamos comida para dos o tres días. Unos seis kilos de patatas, dos panes de aquellos caseros que hacían nuestros padres y algo de merienda, que había poca. Eso sí, acompañado de una buena bota de vino.

Por aquella zona pastoreaban quince o dieciseis pastores, pues al ser montaña había mucha agua, siempre y cuando el año no hubiera sido seco.

Durante el día, como hacía calor, llevábamos las ovejas a la sombra de las piedras. Mientras tanto, a medio día nos juntábamos dos o tres pastores para hacer nuestros ranchos de patatas, donde echábamos leche. Después de comer íbamos a por higos, uvas, etc. Otros se dedicaban a hacer rabiar a los buitres en las buitreras. Les ponían esquilos en el cuello o bien cuando se moría una oveja (en el verano de bazo y en la primavera de basquilla) enroscábamos el hígado con alambre y se lo dábamos a comer Eran más listos de lo que pensábamos, pues se comían el hígado y dejaban el alambre para nosostros.

   

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