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El Eco del Isuela nº 16

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ES POSIBLE QUE.... 

**El retablo de San Cristobal ya está restaurado por lo que es posible que el día del Santo es posible que te lleves o ya te hayas llevado una agradable sorpresa en la ermita.

**Es posible que para fiestas de Agosto ya podamos contemplar la imagen del Cristo de la Cama.

**Es posible, aunque no seguro, que este verano podamos bañarnos en la piscina. Faltan los vestuarios.

  

 

Calcena, silenciosa permaneces con tus calles empinadas, con tus barrancos agrestes. Combina tu hermosura casas bien ornamentadas y otras casi derruidas cuando algunas ya en ruinas, pero la mayoría arregladas con el tesón de tus hijos, que por que sigas con vida no paran de engalanarte.

Serenidad y paz se respira en cualquier parte del pueblo, en tus campos floreados, en tus senderos adornados con bojes, aliagas y espliego, y olor a tomillo y romero. En todos tus rincones fluye tranquilidad y sosiego y estando contigo, el tiempo permanece quieto como si una mano mágica parara el movimiento del Universo y así disfrutar más de ti.

Las Peñas del Cabo, donde la Naturaleza esculpió bellas rocas verticales, dándoles formas caprichosas combinando el color gris con el verde que brota en sus laderas. Y en el cauce del barranco en una gruta «encantada» nace la Ujosa, que serpenteando va buscando al Isuela. Y es en este sitio, sentado en una roca y mirando el fluir del agua, donde salió este poema:

«Sopla el cierzo del Moncayo por el barranco la Ujosa, y en las Peñas del Cabo, en Mayo la luna se refleja como una rosa».

La nostalgia y el recuerdo de la infancia llegan al corazón, transportando el pensamiento a aquellas tardes de primavera, tardes de violetas, flor de espino y rosas olorosas que ofrecíamos a la Virgen en el mes dedicado a ella cantando el:

«Venid y vamos todos con flores a Maria...»

Y en la Iglesia con su torre resurgiendo del corazón del pueblo, presidiéndolo orgullosa de estar ahí, vigilante de su contorno. Qué grandes recuerdos refleja la memoria: los curas que la regentaron: D. José María, D. Juan, D. José Luis (los de mi infancia) y antes otros, todos ellos, cada uno con su personalidad propia, pero siguiendo la misma línea evangelizadora, aportaron al pueblo su trozo de historia.

Los belenes que se hacían en Navidad, lo bien que lo pasábamos los monaguillos cuando se iba a buscar musgo al pinar, y cuando se construía el belén poniendo casas y figuras. En Semana Santa construyendo el «Monumento», cuando ensayaban los «longinos» los ruidos de tambor y trompeta unidos a las vestimentas, causaban respeto y atención.

Y en cada una de las fiestas del año, la Iglesia era el centro de atención y de reunión de todos nosotros. Todo esto dejó una huella muy grande en mi corazón, que recuerdo con mucho cariño. También viene a mi mente cuando íbamos a buscar la «Sanjuanada», el día del «Queso», el día del «Palmo», el día de la «Clueca y Cornijuelo», etc., etc...

En verano cuando nos bañábamos en el río, en «Pozos Altos» (Batán) un sitio maravilloso para a quien le guste la meditación, y en la balsa del «tío Carmelo» subiendo por el barranco la Virgen.

Hay tantas y tantas cosas maravillosas de aquella época (y de ahora, por supuesto) que puedo decir muy orgulloso que he nacido y vivido en Calcena.

PEDRO CARDIEL UCEDA

FEBRERO 97

 

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