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El Eco del Isuela nº 16

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Somontano sur del Moncayo (3)    Comienza en el eco 14 página 15

daba buenos pastos en otoño con sus hojas, y con la repoblación forestal en la montaña, la ganadería va perdiendo mucha importancia antigua en la economía regional.

LOS BOSQUES,

SU VEGETACION:

La vegetación que encontraron los cristianos y que continuó con pocas variaciones hasta el primer tercio del siglo XIX, era como sigue:

Había una primera faja de bosque en el Moncayo que comprendía la Dehesa del Moncayo y se prolongaba por Añón hasta pasar a Castilla por la Sierra del Tablado en Beratón. Estaba constituida por un extenso hayedal cuyo límite superior era alrededor de 1700 m. a la altura del Santuario de la Virgen del Moncayo y el límite inferior oscilaba alrededor de 1200 m. donde comenzaba la segunda faja, el bosque de robles. Este robledal, cuyo límite superior avanzaba más o menos según fuese «umbría» o «solana» metiéndose en cuña entre los hayedos, bajaba en el Moncayo hasta los 900 ó 1000 m. mezclado en muchas ocasiones con la faja siguiente de encinares. Hacia el sur, este robledal se prolongaba por Añón, Talamantes, parte norte de Calcena y Purujosa y se introducía como la faja anterior en Castilla por Beratón. El roble en las sierras del Sur del Moncayo ocupaba la «umbría» mientras que en la «solana» los encinares se mezclaban con el robledal y hasta, avanzaban a alturas superiores a los robles de la «umbría» en las altas tierras de Talamantes (Tonda), Calcena, Purujosa, etc., donde llegaban hasta los 1400 m. de altura. La faja más extensa del bosque la ocupaban estos encinares. Cubrían todas las faldas del Moncayo desde los 900 o 1000 m.  como  límite  superior   en   la  «umbría»   y  se  extendían  por  las  estribaciones del Sur del Moncayo por Añón, Talamantes, Purujosa, Calcena, Trasobares, 

Tabuenca. La última faja del bosque, el pino carrasco, aparecía ya en el Isuela. Grandes pinares se extendían por Trasobares, parte de Calcena y avanzaban al valle del Jalón hacia Tierga donde todavía quedan algunos ejemplares aislados, si las quemas que hay en la actualidad no los destruyen.

Como complemento a esta vegetación había un sotobosque de boj, sabinas, lentiscos, brezos, enebros, acebos, coscoja, etc., entre los hayedales, robledales y encinares. El robledal estaba convertido en muchas partes a principios del siglo XIX en un rebollar que se explotaba activamente.

Hay varias citas del siglo XVIII que dan una visión de los bosques de estos montes casi en la víspera de comenzar las talas que los despoblaron. Asso, a finales del siglo XVIII nos habla de la vegetación del Moncayo y de las tierras del Sur:

«El Moncayo es el monte más elevado de Aragón después de los Pirineos, compuesto de puro cuarzo, raso y pelado en su copete, pero vestido en la falda de Gayuba, Brezo, Espinos, Hayas, Colutea, Sorbus doméstica, Espartium purgans, Chordones, o Rubus Idaeus, y otros arbustos entre los cuales se ven tam­bién muchas hierbas medicinales, Orchis, Inulas, Poxtentilas, Solidago, Doronico, Qnopordum acaule, Chrysanthemum corymbiferum, Anthericum liliastrum y otras. La Anthyllis erinácea, se cría en abundancia en estas tierras y en la de Calcena. Los montes inmediatos al Moncayo... y entre estos se distingue por la frondosidad de sus selvas, el de la Mata y el de los Colladillos puestos al Norte, en donde se camina siempre entre robles, acebos, avellanos, crataegus terminalis, manzanos y cerezos silvestres... Los montes de Calcena tanto en sus faldas como en las quebradas que dejan sus riscos y escarpadas peñas, ofrecen mucha variedad de maderas en los corpulentos árboles que se crían ,cuales son 

los robles, Quexidos, rebollos, acebos, avellanos y Prunus Mahaleb. La abundancia de corteza que suministran estas especies de encinas, convida naturalmente para el abastecimiento de una fábrica de Curtidos en Calcena. »

(Asso: Historia de la Economía Política de Aragón, páginas 51-52).

LA PERDIDA DE LOS BOSQUES:

El cuidado de los bosques permitió su subsistencia hasta mediados del siglo XIX. Los carboneros fueron la causa principal de casi su desaparición, pues lo eran muchos vecinos de los pueblos del Somontano. Los más intensamente carboneros fueron los pueblos de San Martín, Anón, Talamantes y los de la cabecera del Isuela, Pomer, Purujosa, Calcena y Trasobares. Cuando a finales del siglo pasado las talas de los bosques los dejaron sin trabajo, estos carboneros emigraron a los bosques de Soria y a los del Pirineo.

Un carbón muy codiciado por los herreros era el de brezo, por su gran poder calorífico. Aparece siempre citada esta clase de carbón y limitada su producción. Esta actividad de car­boneros y leñadores convirtió ya de muy antiguo los robledales en rebollares. Según la clase del bosque eran objeto de mayor cuidado. En Trasobares las encinas estaban celo­samente protegidas, prohibiéndose su tala; sólo se permitía «ramorear» en ellas. Sus bosques de encinas y robles se convirtieron en dehesas que mantenían ganado de cerda con sus bellotas. Mientras tanto quedaban como montes comunes sus bosques de pinares de ninguna importancia ganadera y eran objeto de una tala prematura que hizo desaparecer del término sus magníficos ejemplares hace mucho tiempo.

El pino maderable desapareció hace   más   de   150   años  y  los 

   

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