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El Eco del Isuela nº 16

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árboles jóvenes que le sucedieron han ido desapareciendo durante todo el siglo pasado y principio de éste.

Hacia el año 1920, se inició la repoblación forestal. Avanzada ya la repoblación de las laderas del Moncayo, el interés se centró en la cabecera del Isuela, en la década de 1960. Se pretendió salvar de su ruina total algunos montes que corren peligro de ser «decapitados» por los arrastres de la lluvia como lo han sido grandes extensiones de estas tierras después de la tala de sus bosques. Aunque en la actualidad lo poco que queda lo están destruyendo los incendios que se producen en el verano, provocados unas veces por las tormentas y otras por personas insensatas sin prejuicio y que no sienten la más mínima sensibilidad por la naturaleza, como fue el incendio del verano de 1993.

En la década de 1980 se repoblaron algunas zonas de nuestra región.

No obstante nos tenemos que concienciar cada uno y no dejar que nuestra tierra se convierta en un desierto, donde sólo haya matorrales y tierra estéril. 

INDUSTRIA Y COMERCIO LOCAL:

Los productos regionales provocaban una industria local. El lino, cañamo y la lana dieron origen a numerosos telares en cuyo oficio se especializaron algunos pueblos. El principal centro de industria textil lanar era Tarazona con su gremio de «pelaires» floreciente durante siglos y que ha subsistido con periodos de crisis hasta el último tercio del siglo XIX. Su época de mayor esplendor fue durante la Edad Media, cuando recibieron privilegios reales y el gremio era una potencia económica dentro de la ciudad.

Después decae algo, aunque todavía tenía importancia a finales del siglo XVIII cuando Asso 

publica su «Economía Política de Aragón». Enumera Asso 80 maestros fabricantes con 30 telares que empleaban 20.000 arrobas de lana, 700 hilanderas, 350 cardadores, 24 tundidores. Fabricaban «paños dieziochenos y veintenos y bayetas catorcenas teñidos de azul, amarillo y encarnado». A mediados del siglo XIX decayó lamentablemente esta industria y se fabricaban sólo 2.600 pies de paño. En Borja también se elaboraba lana. Asso cita a las fábricas de paños ordinarios de Calcena y Trasobares. Eran pues, bastantes los pueblos que tenían sus telares o fábricas para la elaboración de aquellos paños toscos de lana, con que se vestían los labriegos de la región, que nunca supieron teñir a la perfección ni quitarle el color pardo del paño y el negro proveniente de la lana del ganado de pelo negro, entonces predominante en el Somontano y que todavía subsiste en las sierras del sur del Moncayo. La importancia que tuvieron en algunos pueblos se ve por el número de obreros empleados. Calcena ocupaba en su fabricación la mitad de su población aún a mediados del siglo XIX y elaboraba la lana de su municipio y la de los pueblos cercanos. En el siglo XVII, la proporción era todavía mayor, pues el vecindario era de 300 vecinos fabricantes de paños y 20 dedicados a la agricultura. En Trasobares ocupaba su fabricación los 3/4 de la población a mediados del siglo pasado. Estos pueblos del Somontano junto con Añón, Ambel y otros, eran verdaderos pueblos industriales para su época en los siglos XVI y XVII. Se comprende fácilmente la crisis que provocó en ellos el hundimiento de su industria con la aparición de los tejidos catalanes de algodón. En 1890 se cierran las fábricas de paños de Calcena 

y Trasobares. En Calcena hubo también un fábrica de papel de estraza que ocupaba a muy poca parte de la población, pero que tuvo su importancia.

LAS FERRERIAS:

La existencia de diversos yacimientos en la región provocó una industria extractiva. Tuvieron gran importancia con muchos altibajos la minas de Calcena situadas junto al Isuela, en el denominado Valle de la Plata o « Val de Plata» como se dice en este pueblo. Frecuentemente inutilizadas por la inundación de sus galerías, volvían a ponerse en explotación por corto tiempo. El último periodo de actividad minera en Calcena fue en el segundo tercio del siglo XIX. Madoz cita 40 obreros trabajando diariamente en la extracción de cobre, plomo y plata. Hubo antiguamente en Calcena pequeñas fundiciones, pero en el siglo pasado se llevaba el mineral a Borja para reexpedirlo desde allí. Ante la falta de carreteras, tenían que llevarlo a lomo de mulas, por lo cual la explotación no era rentable. La causa decisiva, con todo, de su abandono fueron las inundaciones constantes de las galerías. También en este pueblo hay mármol negro, pero tiene la misma dificultad de transporte y además es quebradizo, por lo que su explotación tampoco resulta rentable.

Minas de hierro se hallan en toda la zona del somontano y su explotación es antiquísima. En Trasobares, Talamantes, Tabuenca, Ambel, Añón, Trasmoz, Agramonte, existen restos de antiguas explotaciones mineras.

Un mundo pequeño, de recursos reducidos, pero que con su policultivo, sus cueros y lanas, sus bosques y ganados, sus minas y su industria casera se bastaba a sí mismo a excepción de la importación de sal, azúcar y algunos productos agrícolas o industriales más delicados.

   

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