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El Eco del Isuela nº 16

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HACE UN SIGLO

Manuel Ruiz Córdova, un calcenario en el 98

Miguel Ruiz Suesa

 

            Enterrado en el olvido yace Manuel Ruiz Córdova, para muchos una cruz de madera en el cementerio. Para otros tantos un héroe nacional. Para mí un antepasado, sangre de mi sangre, el me dio mis apellidos. Si él no hubiera salido con vida de su aventura, yo no estaría explicándola por tanto, me siento en deuda con él.

            3 de diciembre de 1896. Hace un siglo, mi abuelo Manuel desembarcaba en Manila del vapor Alfonso XIII. Formaba parte de la 7ª Compañía de Cazadores Expedicionarios nº 2 de Filipinas. Su misión: defender los intereses de su país en la colonia. Bajo las órdenes del general Lachambre finó en la provincia de Zambrales.

            En la documentación familiar leemos textualmente:

            "El 6 de agosto de 1897 salió su compañía por ferrocarril a Bulacán, formando parte de la columna mandada por el teniente coronel Dujiols, encontrándose en combate mantenido con el enemigo en el puente de Catubig"

            Más adelante dice en términos militares:

            "A este individuo se le concede el uso de una medalla por la campaña de Luzón 1896/98 y se halla comprendido en el Real Decreto del 26 de enero de 1898 (C.L. nº 24)"           Llegando a esta última parte, supusimos que alguna cosa importante debió hacer. ¿Cuáles fueron sus méritos?. Lo averiguamos más adelante, al leer los Episodios Nacionales Contemporáneos de Benito Pérez Galdós, en el capítulo de Héroes de Filipinas. En la página 141 se recoge este párrafo: "del que se habla mucho también es del cabo Ruiz. Defendió con media docena de tíos la estación de cable de Bolinao", (junto a Catubig). De modo que, el cabo Ruiz y sus seis soldados defendieron la estación cuando todo su ejército había sido diezmado, repelieron el ataque del enemigo durante días...

            "Cuando en 1899, el día 17 de Mayo, debía embarcar con su batallón para la península, por repatriación, no se incorporó al cuerpo, quedando en el archipiélago por encontrase prisionero, según se consigna en la relación de E.S. General Subinspector".

            Los meses como prisionero fueron pasando, encerrado a miles de kilómetros de su familia. La guerra había terminado en diciembre de 1898, y no llegó al puerto de Barcelona hasta el 16 de enero de 1900, a bordo del vapor León XIII, formando ya parte de uno de los grupos de héroes legendarios de nuestra patria, el de los "últimos de Filipinas".

            Así pues, al llegar al pueblo de Calcena se había ganado el apodo de "El Filipino". Tal vez haya en el pueblo alguien que todavía lo recuerde, aunque supongo que casi nadie sabe que sus restos reposan en el camposanto de Calcena, bajo el peso de un siglo. Enterrado con él, yace el orgullo de la patria en el conflicto con las Islas.

            Manuel Ruiz Córdova murió el 11 de Diciembre de 1944. La muerte, a la que sin duda conocía de cerca, le atacó por la espalda. Lo mató una herida infectada que se abrió en el pie mientras labraba, a la edad de 67 años. Se negó rotundamente a que le amputaran la pierna. El aplomo y la obstinación que le habían mantenido vivo, le costaron la propia vida.

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APARICIONES EN LA CARA MENOS OCULTA

             El pasado verano, cuando descendíamos una de las altas cumbres de nuestra geografía, donde cada año acudimos a la cita de tomar el almuerzo en la cima, y llegábamos a la mitad del descenso, me pareció reconocer a alguien de las decenas de personas que subían.

            .- ¡Toma!, pues si parece J. Mari - y un poco más atrás, al acercarnos, aparece... Mediel.

            Qué alegría. No nos podíamos imaginar el encontrarnos allí, alrededor de tanto peñasco. Después de varios abrazos, qué menos que con la máquina en la mano plasmar aquel momento en una foto. Luego, ellos siguieron su ascensión y nosotros para abajo.

            No sólo en la ciudad te encuentras siempre a alguien del pueblo, sino que también, a veces, donde menos te lo esperas.           Poco después, en la carretera nacional de Soria, dirección Borja, se me acercó un coche con intención de adelantarme. Al llegar detrás de mí aflojó la velocidad y se mantuvo unos minutos detrás. Un poco mosqueado miré por el retrovisor para ver qué pasaba. Luego me empezó  a adelantar y al llegar a mi altura me saludó y yo le correspondí. Al ponerse delante pude ver una pegatina en verde que decía: CALCENA, LA CARA OCULTA ...

 (continuará)                                                                          Vicente Lapuente

   

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