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El Eco del Isuela nº 17

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            - De Beratón de por dos cabritos. Ahora me voy a Borja a por tabaco. ¿Si quieres algo?

 -respondió-.

            - Podías traerme unas albarcas que a estas ya les queda poco. Las apañé, pero me van a durar poco.

            - Mira -me dijo- si quieres unas albarcas, donde mejor están son en una tienda en la plaza del ayuntamiento de Calatayud y la semana que viene tengo que ir.

            - Bueno, lo que quieras, malo será que no aguanten estas. De todas las maneras si vas a Borja y ves a mis parientes les das recuerdos.

Subiendo por el camino de la bodega veo a alguien zarceando por el huerto del cura. ¡Jo..., si madruga el cura! -pensé-.

Después de haber llenado bien la bota y una botella me echo un trago, recién salido del tinajón, por ver si gana o pierde. El primer trago del día es el que mejor sienta.

Al llegar a casa ya está listo el puchero de almuerzo.

            - ¿Donde vas a ir? - me dijo la mujer mientras almorzaba.

            - Me voy a la Cerrada a enramar las judías que allí, aunque caliente el sol, estaré más fresco.

Aparejo el burro, a quien cada día le cuesta más salir de la cuadra; será que como es casi tan viejo como yo el pobre dirá: ¿a donde me lleva este hombre ahora?.

Cuando llegamos a la Cruz de Atilano le silbo como siempre para que se anime a beber agua mientras cruzamos el río y aprovecho para ver si el agua del Molino del Medio va tirada, y la encamino para abajo. Al llegar al camino de Valdetesinos me encuentro con el Castellano que volvía con su abrío, su perro y un par de cabras que iban por todos los pinganetes.

            - Me voy a casa antes de que caliente más -me dice el Castellano-.

            - Pues yo ahora bajo y como las vea malas que buenas  a la cabaña a la sombra respondí-.

Cuando llevaba la faena a mitad oigo el ruido de algún vehículo. Me quedo mirando y espero que revuelva por Valdepalacios a ver quien es. Es el coche de línea. Quizás vaya algún conocido y me hace ceñas por la ventanilla. Nada. Ya se pierde por Valdecasillas.

            Ya parece que ha llegado el agua. Riego, a comer y después me echo una cabezada en la cabaña. ¡Qué bien se está aquí! -Pensé- pero al poco de quedarme traspuesto el burro se pone a rebuznar. ¿Qué pasará?. Me asomo y veo que barrunta al personal que va por la carretera. Aunque no los llego a conocer, creo que serán los que han bajado arreglar el azul del Batán  que lo había roto la tronada de anteayer. Me preparo una carga de ramas de chopo y para arriba. Al llegar a la Virgen, como siempre, el burro se me para en la lastra en la que cada día me apeo.

            - ¡Arre, que hoy no me bajo! - no por estar más canso que otros días, sino por el cansancio del día a día.

Al llegar a la plaza noto algo raro en el ambiente. Quizás el coche de línea haya traído bastante gente. ¡Quizás hayan subido los pequeños!. Pero al llegar a casa veo que no ha llegado nadie, ni siquiera ha habido carta. A la cena, un silencio eterno circula por el hogar. Sólo un leve comentario de la mujer.

            - ¡Dicen que van a cambiar las fiestas para agosto!.

            - ¿Pero este año, o al que viene? - pregunté.

            - No lo se, eso he oido en el río.

            - Bueno, pues habrá que escribir a los pequeños, aunque igual ya se lo han dicho sus primos los de Zaragoza. De todas maneras mañana escribimos.

Me voy a echarle al burro y a dormir.

Calcena, Julio de 1972

Vicente Lapuente

 

****  "...desgraciadamente en Aragón parece que se valoren más las cosas cuando se han perdido que cuando se sonservan”

Pedro Hernando Sebastián. Revista Trébede nº 19***     

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