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El Eco del Isuela nº 17

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LOS DÍAS MÁS FELICES DE MI VIDA

Me llamo Daniel. Nací en Calcena y vivía en la parte alta del pueblo, en una casa que ahora están restaurando y que se encuentra junto a la peña de “Los Guindillas”.

            Cuando apenas había cumplido cuatro años, murió mi padre. El mismo día, mi tío José me tomó en sus brazos y me llevó a casa de mi abuela Rosa, casa que ahora pertenece a Abilia. Allí pasé varios meses pues mi madre había emigrado a Zaragoza hasta que, con gran dolor de mi abuela, vino a buscarme.

            Una vez en Zaragoza vivimos precariamente. Yo iba a los Escolapios. Todos los días acudía a comer a casa, con una sola habitación, en la calle San Ildefonso. Mi madre hacía la comida con un hornillo de carbón. Los “menús del día” se sucedían unos a otros. Mi madre hacía un huevo frito, ella mojaba el pan un par e veces y el resto me lo comía yo. La vida era diferente a la de ahora y como nuestra economía no era muy buena, fui al colegio de los Hermanos de la Caridad con mi primo Teodoro Blasco que también era huérfano de padre. Luego mi madre encontró trabajo en la fábrica de tejidos “Santiago Lorén”. Yo, por carecer de trabajo, me presenté voluntario a la Marina de Guerra.

            Los veranos los pasaba en Calcena, en casa de mi abuela y tíos. Un cinco de marzo conocí a Aurelia San Vicente que ha sido la mujer de mi vida.

            En la Marina de Guerra pase dos años. Regresé a casa y a los pocos meses estalló la guerra y me movilizaron.

            Os voy a contar una anécdota. Yo tenía un tío párroco de la iglesia de Calcena que se llamaba Francisco por más señas. Un día, mi perra había tenido perritos y a unos primos y a mí nos se nos ocurrió otra cosa que coger a los perritos y presentarnos en la sacristía para que los bautizara mi tío. Ya podeís imaginar su reacción. Nos echó de allí con cajas destempladas, por no decir otra cosa, y mientras yo cogía un perrito encima se me caía otro.

Daniel Tormes 

Daniel Tormes falleció hace algunas semanas. Nuestro recuerdo y el agradecimiento por haber colaborado con “El Eco del Isuela” transmitiendo a los demás algunas de sus vivencias.

Retablo de la ermita de San Cristóbal

NO LO ENTIENDO  

En unos tiempos en que tanto se valora la naturaleza, los pueblos tranquilos y las tradiciones no entiendo porque Calcena no tira más hacia delante. ¿Será por las carreteras?, ¿será porque está a desmano?, ¿porque no está en un lugar de moda?, ¿porque no hay servicios públicos?, o quizás porque no hay playa. Porque sí, Calcena está mejor que hace unos años. Hay casas nuevas, otras muchas arregladas y no digamos cocheras. Pero sin embargo, en el propio pueblo no surgen muchas actividades productivas que den riqueza. Para ello, a veces es necesaria la imaginación y cierto riesgo. Si hablamos del turismo (que parece que es una solución para muchos pueblos), en la situación actual, si nos visita alguien que no sea de Calcena puede que no pueda quedarse a dormir, ni a comer, ni a tomar una cerveza y a lo mejor no puede ver la Iglesia. No hay un sitio seguro donde se gaste alguna “perra”. Incluso es posible que decida no volver y desanime a sus amigos. Para eso, más vale no promocionarnos hasta que se den las condiciones necesarias para que ello no ocurra. Y los que somos (más o menos) de Calcena, pero no vivimos aquí, ¿qué podemos hacer?. Pues pocas cosas: subir al pueblo en invierno y en verano; mantener las casas, construir alguna nueva y evitar que la que tenemos se hunda arrastrando a otras; realizar todo el gasto posible en el pueblo; hablar bien de él; ayudar en lo que se nos pida; y censarse en el pueblo. Lo demás ha de surgir en Calcena.

De todas maneras, es una suerte tener un pueblo como el nuestro para disfrutar de todos sus encantos, que son muchos.

F. Ruiz

     

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