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El Eco del Isuela nº 18

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EL NOGAL

Victoriana Tormes

 

En una aldea había un nogal que era centenario, estaba ya casi seco de lo viejo que era. Un día acertó a pasar por allí un hombre y lo encontró llorando. Le pregunto que porque lloraba y el nogal le contestó que porque ya era viejo y no servía de nada.

El hombre le dijo que no llorase, que ya encontraría alguna solución.

El hombre llegó a la aldea y contó lo que le había pasado. 

Se reunieron todos para ver que se podía hacer con aquel árbol que ni daba frutos ni daba sombra.

Y llegaron a una conclusión; que el nogal podía servir para hacer un Nacimiento. Y manos a la obra empezaron a trabajar; unos hicieron la Virgen y San José, otros la burra y el buey,  otros las lavanderas y demás animales; los niños de la aldea también ayudaron e hicieron el Niño Jesús y los Ángeles y ayudaron a pintar las figuritas. Tuvieron que darse mucha prisa porque la Navidad se acercaba.

No sólo aprovecharon los troncos gruesos sino que también las ramas más delgadas sirvieron para calentar al niño cuando vino al mundo.

Luego invitaron a todos los pueblos de alrededor para que también participaran y lo disfrutaron con ellos.

Tocaron la pandereta y las castañuelas y al mirar, la nieve caía como casi siempre en esas fechas. De aquel nogal se cayó una nuez y al poco tiempo creció un nogal nuevo que pronto se convirtió en otro árbol grande y copioso como el de antes, que daría sombra y frutos y por lo menos duraría cien años como su antecesor.

Luego todos contentos cantaron villancicos como este:

 

Oh, Niño Jesús bendito

que viniste a dar ejemplo

de pobreza y humildad

naciendo en aquel pesebre

y aquel humilde portal

 

con la leña de aquel árbol

te pudiste calentar.

Ahora que nos creemos tan civilizados porque procuramos respetar el medio ambiente, no está de más recordar esta carta que hace casi 150 años escribía un indio americano.

 

MENSAJE DEL INDIO SEATLLE, JEFE DE LA TRIBU DEWAMISH, AL PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA, FRANKLIN PIERCE.

Lago Washington, junio de 1854

"El Gran Jefe Blanco nos envía el mensaje de que quiere comprar nuetsras tierras. El gran jefe nos envía también palabras de amistad y buena voluntad. Sin embargo, nosotros meditaremos su oferta, pues sabemos que si no vendemos vendrán hombres blancos armados y nos quitarán nuestras tierras.Pero si no somos dueños de la frescura del aire ni del reflejo del agua, ¿cómo podréis comprarlos?.

Los muertos de los hombres blancos olvidan la tierra donde nacieron cuando parten para vagar entre las estrellas. En cambio, nuestros muertos no olvidan jamás esta tierra maravillosa, pues ella es nuestra madre. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosostros. Las flores perfumadas, el venado, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Las cumbres rocosas, los prados húmedos, el calor del cuerpo de los potros y de los mhombres, todos somos la misma familia.

Si vendemos nuestras tierras debéis saber que son sagradas y que cada reflejo fugaz en el agua clara de las lagunas narra vivencias y sucesos de mi pueblo.

Los ríos son nuestros hermanos que sacian nuestra sed. Ellos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras debéis recordar esto y enseñad a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y que hay que tratarlos con dulzura.

El hombre blanco trata a su madre, la tierra, como una cosa para comprar y vender. Su voracidad acabará por devorar la tierra no dejando atrás mas que un desierto. La sola visión de vuestras ciudades tortura los ojos del piel roja. No hay silencio, ni un lugar donde escuchar cómo se abren las hoajs de los árboles en primavera ni el zumbido de los insectos.

¿Qué sería del hombre sin los animales? Si los animales desaparecieran el hombre también moriría de gran soledad espiritual. Porque lo que le suceda a los animales, también pronto le ocurrirá al hombre. Todas las cosas están relacionadas entre sí. Lo que le afecte a la tierra, afectará también a los hijos de la tierra.

Continuad ensuciando vuestro lecho y una noche moriréis axfisiados por vuestros propios excrementos.

Aunque somos salvajes sabemos una cosa: nuestro Dios es vuestro Dios. Esta tierra le es sagrada. Incluso el hombre blanco no puede eludir este destino común. Quizás incluso seamos hermanso. ¡Quién sabe!.

 

La naturaleza es el mayor tesoro que

tiene Calcena para su futuro.¡Cuídala!.

Es por tu bien

   

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