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El Eco del Isuela nº 20

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ESENCIA DE ESPLIEGO          

 

            Por un pueblecito pequeño llamado Calcena, pasaban la Virgen, San José y el Niño. Iban camino de Illueca con idea de pasar la noche en el Palacio del Papa Luna, pero les sorprendió una tormenta de nieve y tuvieron que quedarse a hacer noche en Calcena. Como antes no existía el albergue, se refugiaron en una cueva que está debajo de la carretera.

            Y nevaba cada vez más y más. Pronto la nieve se convertiría en agua y lo que ellos no sabían es que cuando llueve tanto la cueva se convierte en un inmenso río. Tanto llover y llover, aquello se hizo inhabitable. La gente de Calcena acudió a ayudarles, porque corría peligro de que el río se los llevara. La gente gritaba: - ¡Que se los lleva!, ¡Que se los lleva!-.

            Tres días estuvieron luchando contra la corriente sin saber qué hacer, hasta que a una mujer se le ocurrió que echándoles una cuerda podrían salvarse. La Virgen y San José salieron, pero faltaba el niño. Como era tan chiquitín no podía agarrarse y pensaron que atando una cesta a la cuerda también se salvaría el niño. Lo consiguieron, pero salieron muertos de frío. Se los llevaron a sus casas y les encendieron la chimenea para que se calentaran. Les mataron un buen capón y les hicieron caldo hasta que vinieron en sí.

            Les obsequiaron con la esencia que se hacía con el espliego en Calcena y con las mejores viandas que tenían. Las tortas de anís que se hacían para Navidad y el mostillo que también se hacía con el mosto sacado de las uvas que allí se cultivaban.

            Cuando desperté, me alegré de que nada de eso hubiera pasado. Y es que...los sueños, sueños son.

 

Victoriana Tormes

 

-Sacó el maestro un tarro de cristal, metió cuatro pedruscos y preguntó a sus alumnos si ya estaba lleno. Todos respondieron que sí.

-Después metió piedras algo más pequeñas que se introdujeron en los huecos que dejaban los pedruscos. De nuevo les preguntó si ya estaba lleno y todos dijeron que sí.

-Luego echó grava, agitó el frasco y cupo toda ella. Preguntó a sus alumnos y de nuevo dijeron que sí.

-El frasco estaba lleno hasta arriba. Parecía que no cabía nada, pero entonces echó arena fina que poco a poco fué ocupando los pequeños espacios que dejaban los pedruscos, las piedras y la grava. Preguntó a sus alumnos. No había duda de que estaba lleno.

- Sin embargo, vertió un vaso de agua sobre la arena. El agua ocupó los minúsculos espacios libres y el vaso quedó vacio. Entonces dijo a sus alumnos:

            . "Mirad, la vida es como este tarro de cristal. Primero hay que llenarla de las cosas importantes, la familia, la salud, los amigos, ..., porque todo lo demás, el trabajo, el dinero,... ya encontrará su acomodo entre todos ellos".

 

Este cuento lo leí en algún sitio. Fernando Ruiz

 

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 ORACIÓN DEL PERRO

(Anónimo facilitado por Alberto Jiménez)

 Oh Señor de las criaturas:

Haz que el hombre, mi amo, sea tan fiel para con los otros hombres, como yo lo soy para él.

Haz que ame a su familia y a sus amigos como yo les amo.

Haz que guarde honestamente los biene que Tú le has confiado, como yo guardo los suyos,

Dale, oh Señor, una sonrisa fácil y espontánea, como fácil y espontáneo es el jugueteo de mi rabo.

Haz que él esté tan inclinado al agradecimiento, como yo estoy pronto a lamer con cariño.

Conserva en él mi juventud de corazón y mi alegría de pensamiento.

Oh, Señor de todas las criaturas, del mismo modo que yo soy siempre verdadero perro, haz que él sea siempre verdadero hombre.

 

AGRADECIMIENTOS: al Ayuntamiento que tanto se esfuerza por el pueblo; a la Parroquia; a los que limpiaron la fuente; a los que organizaron el día del árbol; a los que arreglaron los pasos de Semana Santa; a los que quitaron piedras de la piscina para poner cesped; a todos los que luchan por Calcena.

 

 

 

EL SEÑOR DE CALCENA

 Redacción

            En alguno de los anteriores boletines se hizo referencia  a la existencia de un libro de 1890, cuyo autor fue Valentín Gómez y cuyo título era "El Señor de Calcena". Nos hemos leído un ejemplar que hay en la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza y la verdad es que con relación a Calcena sólo tiene el título. Ambientado a finales del siglo XIX, con una sociedad rural insegura, en la que mucha gente tenía armas en su casa y con las primeras promociones de la Guardia Civil,  describe paisajes que pudieran corresponder a nuestro pueblo, pero también a cualquier otro. Un libro monótono.

   

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