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El Eco del Isuela nº 20

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UN DÍA EN CALCENA

Las impresiones de una persona que nunca antes había estado en Calcena

Quienes tienen la suerte de vivir en un pueblo como el que hoy me ocupa tienen mucho andado en la vida.

En el mes de abril acepté la invitación, tantas veces hecha, de unos buenos amigos para conocer un trozo de la geografía de Aragón y verdaderamente mereció la pena, aunque para ello renunciase a otros proyectos.

El viaje de Zaragoza, nada más pasar Morata de Jalón, ya merece la pena por sí sólo, para adentrarse por caminos, no muchas veces en condiciones óptimas para viajar sin sobresaltos.

            Calcena, al igual que otros pueblos con más habitantes, no tiene que envidiar a otros muchos, no digo de Aragón, ni de España, ni mucho menos del extranjero, ¡y he visto un montón!.

            La Iglesia, en lo mundano (que no me meto en la parte espiritual), es decir en su edificio, es una auténtica maravilla que una no se cansó de admirar; si encima tenemos un buen guía, como era este caso, el tiempo se echa encima sin enterarte. Es imposible poder captar en una horas todo cuanto hay de importante.

            Cada capilla, que me recordaban a la 

Desde los pueblos pequeños, pero en armonía unos y otros en su propia dispersión, pasando por el impresionante Castillo de Mesones de Isuela, que enriquece por sí mismo el paisaje; el portalón e iglesia de Trasobares, junto a lo que fue convento donde moró la célebre Abadesa (ver revista nº 15); sin olvidarnos de Chodes y su plaza donde se rodó hace unas décadas "Réquiem por un campesino español".

Todo ello merece una visita tranquila y reposada; la cultura, la historia, emanan de nuestros pueblos que han sabido guardarla, a veces tan bien que ahora se hace difícil su recuperación.

restaurada La Seo del Salvador de Zaragoza, es una página de minuciosos datos que plasman en cada piedra la historia del día a día, así como los muchos benefactores que ha tenido el pueblo a lo largo de los siglos. Así lo atestiguan los escudos de armas, las vestiduras sagradas en varias vitrinas, la ornamentación distinta de cada capilla. Si a eso se le añade que tiene coro de "sitiales" no se pude pedir más para un pueblo que apenas roza los cien habitantes.

            Se nota que en tiempos tuvo buenos padrinos y mejores amos. 

Antes de llegar a Calcena llama la atención la cúpula  de  la torre de la Iglesia,

brillante, pulida y hermosa, luciendo desde su lejanía todo su esplendor.   

No sé si es porque algunos/as me habían dicho que no había nada de interés en el pueblo, sólo despoblación y que me deprimiría ver casas despobladas, sin gente, tal vez porque la razón y el corazón me decía que hiciera caso de la jota "en viendo algo de Aragón que me lleven ande quieran" o quizás porque siempre hay algo que aprender (la sabiduría está en el pueblo), la cuestión es que descubrí que nuestros pueblos guardan para sí un cúmulo de "objetos" cargados de arte, historia, vivencias, etc. que enriquecen a quien los ve, lo enseña y, sobre todo, a quienes lo tienen todo el año. Lo triste es que apuro de verlo, de tenerlo, nos olvidamos y lo devaluamos.

Hoy si se descuidan, desaparecerá para engrosar algún museo diocesano fuera del pueblo, algo que se debe impedir con la fuerza que da la razón.

            En mi recorrido turístico, ya en coche, me llevaron a un lugar paradisíaco, para mí precioso, las piedras dispuestas en caprichosas figuras estimulan la imaginación, porque las escenas llenas de vida se superponen unas a otras con velocidad vertiginosa. El paisaje en otro entorno, me recordaba el Pirineo, tantas veces visitado.

            Es un sitio ideal para pasar horas sin que el ojo humano se canse de admirar las piedras formando las escenas más inimaginables, los camino, valles, desfiladeros, etc..

            Si esto parece poco para hacer una visita sosegada a Calcena aún queda por evocar el conjunto del pueblo, lo que da vida al lugar, aunque deteriorado, casas semihundidas por el abandono, que   alguien   tendría   que   poner  el  punto  y  final    para     detener     su     ruina     total,     todo

   

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