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El Eco del Isuela nº 21

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DOS COMPAÑERAS DE SANTA CONSTANCIA Y

SANTA ÚRSULA

Pedro Cardiel Uceda

 

En la exposición de las Edades del Hombre (Catedral de Astorga - 2000) se pueden apreciar dos bustos relicarios de dos de las once mil vírgenes, y que al tratarse de compañeras de nuestra patrona, he considerado interesante reflejar lo que dice la ficha de la exposición y así añadir un grano más de arena a la historia de la Santa, transcribo a con­tinuación lo que dice la mencionada ficha:

“Por sus consecuencias sociales, económicas y culturales, el culto a las reliquias es sin duda alguna uno de los aspectos de mayor trascendencia en la historia de la Iglesia. Al parecer, fue en la segunda mitad del siglo IV cuando se comenzó la práctica de fragmentar los cuerpos de los santos para repartirlos entre los distintos lugares, siguiendo una teoría apoyada por varios teólogos, según la cual por pequeño que fueran el fragmento mantenía indivisible su virtud terrena, incluidas las facultades milagrosas. En un intento de evitar los frecuentes abusos, pronto se admitieron las mismas propiedades a las pertenencias terrenales, e incluso objetos, telas y aceites puestos en contacto con reliquias. De este modo, se abrían las puertas a un interminable proceso en el que las razones espirituales 

estudio publicado por Ferreiro Alemparte.

Para lo que aquí interesa, es suficiente recordar la narración de  Jacobo Voragine en su famosa Leyenda Dorada, con la que divulgó el legendario suceso por toda Europa, a partir de la segunda mitad del siglo XIII. Úrsula era hija de un rey cristiano de Bretaña, a la que solicitó en matrimonio para su heredero el rey pagano de Inglate­rra. Con el fin de evitar las represalias que acarrearían la negativa, la princesa aceptó, con las condiciones de que su prometido se bautizase y que le concedieran un plazo de tres años, durante los cuales peregrinaría a Roma con diez nobles doncellas, cada una acompañada por un séquito de mil vírgenes. Embarcadas en once naves, iniciaron su viaje, y a su paso por Colonia, un ángel le predijo a Úrsula que a la vuelta recibirían la corona del martirio en esta misma ciudad. En Roma se les unió el Papa Ciriaco, borrado desde entonces de las listas del papado, y varios obispos. Su futuro esposo, ya convertido al cristianismo, tuvo también la aparición de un ángel pidiéndole que fuera a su encuentro para compartir con ella el tormento. Colonia se encontraba por entonces asediada por los Hunos, quienes al llegar

estaban indisolublemente unidas a las tangibles. Las reliquias se convirtieron a la vez en instrumento de prestigio y fuente de ingresos, que por lógica revertía en el terreno artístico. En el campo concreto de la escultura, varios autores han señalado el papel de “receptáculo para reliquias” una de las causas principales del inicio de las imágenes.

Dentro de la glorificación del martirio que conlleva en una gran mayoría de casos el fervor a las reliquias, uno de los temas de más repercusión en el arte es el Santa Úrsula y las once mil vírgenes. El punto de partida se encuentra en un antiguo relato, cuyo origen y diversas versiones es imposible sintetizar en el reducido espacio de una ficha para catálogo de exposición, por lo que remito al completo 

las naves degollaron a sus ocupantes. Ursula fue una de las últimas en morir, pues el príncipe de los hunos intentó desposarla, pero ante su rechazo, le atravesó con un dardo. Este es el motivo por el que en varias representaciones artísticas la Santa lleva en su mano una flecha que alude a su martirio.

En el mismo siglo XIII, incluso antes de que se escribiera la Leyenda Dorada, la Orden Cisterciense se convirtió en la principal impulsora del culto a Santa Ursula y su legión de compañeras. Las excavaciones en Colonia permitieron atender la demanda cada vez mayor de reliquias con destino a los más diversos monasterios, en los que pronto se instituyó la festividad de las once mil vírgenes. La conservación del

 

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