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El Eco del Isuela nº 21

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texto de una “auténtica” firmada por el arzobispo Engelberta de Colonia, ha permitido constatar su llegada a España en 1223, con motivo del viaje del abad del mo­nasterio de San Pedro de Gumiel de lzán como embaja­dor de Fernando III. Este debió ser el comienzo de una importación que continuó en siglos sucesivos, adquiriendo enormes proporciones durante el siglo XVI.

Concretamente, la coronación de Carlos V en octubre de 1520 es el motivo por el que vinieron a diver­so lugares de España un buen número de reliquias (las de Santa Constancia, el 25 de agosto de 1595, las trajo D. Juan de Zornoza y Guisasa, natural de Calcena. Las recibió de manos de Phillippus Huick, rec­tor del convento de Mariekamp, en la ciudad de Duislaci (Deutz-Alemania) y de la abadesa Anna Werssen. Ver El Eco del lsuela no 7 de julio de 1994)

entre las que se encontraban las dos del Museo de los Caminos, procedentes de la Colegiata de Villa franca. A los  pocos días de  la ceremonia de  Aquisgrán, el emperador llegó a Colonia acompañado de una numerosa representación de la nobleza española. Gracias al citado trabajo de Ferreiro, sabemos que en los Annales Colonienses, conservado en el 

Cobos  a  su  Sacra Capilla del Salvador en Úbeda en donde en la actualidad sólo se conserva el que se identifica con Santa Aurelia. Otra serie de cinco, ahora depositada en el Museo de Bellas artes de Vitoria, procede de la capilla que mandó construir en la iglesia de San Vicente de dicha ciudad Hortuño Ibáñez Aguirre, consejero de Carlos 1 de España. Así mismo, son similares dos de la catedral de Ávila, de los que Gómez Moreno recogió la siguiente inscripción:Esta Virgen traxo de Alemania el dotor Luis Dávila et de Lobera, médico de la Magestae”. A estos se pueden añadir los conservados en The Cloisters de Nueva York, de procedencia española, y el busto de un obispo del Staatliche Museen de Berlín, que obedece a un planteamiento semejante, aunque ya se decora con un repertorio de marcado acento renacentista, al igual que uno de los de Vitoria. Aunque no se puede pensar en el mismo taller, pertenece también a esa tipología el conservado en el Museo Nacional de Escultura deValladolid.

Con independencia de algunos rasgos desiguales, en todas estas esculturas se emplea un modelo de rostro ancho, con amplia frente, ojos rasgados y prominente mentón. Su aspecto más distintivo es el cuidado detalle con el que se

 archivo de Colonia, figura la relación de nobles españoles que firma­ron en el Libro de Visitas de las  monjas de Santa Ursula. Entre ellos, se encontraba Fadrique de Toledo (Duque de Alba), Pedro de Toledo (Marqués de Villa franca) e hijo del anterior, y Fadrique de Toledo y Osorio, hijo a su vez de este último. Con una representación tan abundante de la familia, parece indudable que la  presencia  de los bustos en la colegiata de Villa franca obedece a un regalo de los marqueses. Si no se trata de una manda  testamentaria, lo lógico es pensar que el donante fue el tercer marqués D. Fadrique de To­ledo, pues su padre murió en Florencia en enero de 1533, año en el que se empezó a construir el templo.

  reflejan los escotes adornados de pedrería, los colgantes que adornan los cuellos, y sobre todo, los tocados y cabellos, resueltos con largos y complejos trenzados. . Su perfecto aca­bado en la parte posterior ha permitido sugerir el uso procesional en la festividad de Santa Ursula. Las peanas originales, sustituidas en los bustos del Museo de Astorga por otras más modernas, se decoran con tracerías góticas. La procedencia de las reliquias ha llevado  a  varios  investigadores a pensar en un taller de Colonia. Sin embargo, se debe reconocer que  estos relicarios son muy diferentes,  desde el punto de vista estilístico, a  los numerosos ejemplos que se encuentran en dicha ciudad. 

Ambas  obras  estuvieron colocadas en el retablo de la capilla de la Trinidad, obra documentada de Francisco Julí en 1550, aunque parece probable que dicha ubicación obedece a un traslado posterior.

Dentro  del apartado artístico, el principal proble­ma estriba en conocer el lugar donde se realizaron las esculturas. Lo cierto es que los relicarios de Villa franca responden a las mismas características de otros ejempla­res llegados parlas mismas fechas a España, todos ellos vinculados a personajes directamente relacionados al emperador. Entre estos relicarios, cabe citar los cuatro bustos  que  llevó  Francisco  de  los  

Por el contrario, J. K. Steppe señaló sus concomitancias con esculturas de talleres de Brabante, y más concretamente de Bruselas, en las que se aprecia desde fines del siglo XV el mismo concepto elegante y decorativo. Teniendo en cuenta que no se conservan en España otro tipo de piezas características similares, las dos opciones más probables son la importación de piezas de Bruselas a Colonia, o la presencia en esta ciudad de un taller de la misma procedencia. Con ambas se explicarían esculturas como la del Arcangel con filacteria del museo de Schnütgen de Colonia, muy similar al busto del obispo de Berlín.

 

  

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