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El Eco del Isuela nº 21

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EL CRISTO DE LA ERMITA DE SAN CRISTÓBAL, DE NUEVO EN CALCENA

Tras muchos años fuera del pueblo, el Cristo Crucificado de la ermita de San Cristóbal, ya restaurado a vuelto al pueblo. Sus restauradoras, MB Rosa Albacar Cruz y Manuela Conil Millán han tenido la amabilidad de enviarnos una copia del informa final de restauración, así como unas fotos.

El Cristo se hallaba en un lamentable estado de conservación, con numerosos repintes. La cabeza, el cuerno y las piernas están talladas en un mismo trozo de madera. Los brazos van clavados al cuerpo. Éste es hueco y la espalda son varias tablas de madera clavadas, tapando el hueco. Las uniones de las diferentes piezas están ocultas bajo telas de lino.

de nutrir y proteger la madera se aplicó una fina capa de cera de abejas, bien pulida cuando estuvo seca.

En la cruz: como la madera del Cristo, recibió un tratamiento contra la carcoma. También se eliminó la pintura, dejando la madera original a la vista. Se fijaron los trocitos de madera distribuidos de forma simétrica por la cruz, imitación del nacimiento de las ramas de un ár­bol. Se colocaron los que faltaban hechos de madera de haya, y con resma se completó su volumen. El cartel con la inscripción se limpió, se estucaron las lagunas, que luego se reintegraron y por último se protegió con barniz satinado.

TRATAMIENTOS APLICADOS

En la capa de pintura: se aspiró el polvo y su­ciedad superficial. Se retiraron hasta ocho capas de pin­tura no originales, en muy mal estado y que habían de­formado la calidad de la escultura y delicadeza del perfil. Se conservan escasos restos de policromía original: la sangre de la herida del costado, de las manos y pies; poca carnación en la espalda y los brazo; escasos restos en la barba y el pelo; bastante del paño de pureza de Cristo, decorado con cuadros, posiblemente con pan de plata en origen. Se han respetado los trozos de tela de lino que refuerzan las uniones de las diferentes piezas.

Hubo que eliminar todo resto de preparación no original, muy incrustada entre las pequeñas grietas de la madera, mediante medios mecánicos y agua caliente.

Se procedió a teñir con un tono ocre de acuarela todos los estucos originales, así como las telas que tapa­ban los ensambles. También se tiñeron las reconstrucciones con resma sintética, con una coloración similar a la madera original, imitando incluso el veteado. Toda esta policromía se barnizó con varias capas de barniz satinado.

En el soporte de madera: se desmontaron las numerosas piezas clavadas en la parte posterior del Cristo, para reforzar las uniones, la mayoría no originales.

            En la madera se aplicó aceite de linaza y esencia de trementina para nutrirla. A continuación varias capas de Xilamón fondo, tratamiento curativo y preventivo contra futuros ataques. También se trató la madera con un consolidante para recuperara parte de la dureza. Las piezas más deterioradas se sustituyeron por otras nuevas de madera de pino de buena calidad, envejecido y debidamente protegido. Tratadas las maderas, se procedió a colocar las piezas y refuerzos necesarios, respetando la mayor parte de las piezas originales, así como los clavos de sujeción.

Con madera de balsa, muy blanda y con resma sintética se rellenaron todas las grietas y ensambles abiertos. También se rehizo con resma sintética el volumen de los hombros, las axilas y de la mano derecha.

Se protegió la madera del Cristo con un barniz muy  ligero  pigmentado  y  conseguir  de esta manera  unificar el tono general de la pieza. Por último, para acabar

 

 

   

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