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El Eco del Isuela nº 22

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SEMANA SANTA

POR ANTONIO TORMES

            Las celebraciones más importantes que ya se hacían en Calcena antes del año 1600 fueron las representaciones de Autos Sacramentales, del Corpus Cristi y Semana Santa.

            Tenemos constancia de los dineros que varias veces los comediantes daban para arreglo de la Iglesia, como para pagar el transporte del Retablo Mayor desde Tarazona <<se pagó con lo que sacaron los comediantes en la representación del Corpus>> así consta.

            Por desgracia, no tenemos los panfletos de estos actos, pero parece claro que la Semana Santa antigua puede ser reminiscencia de estas representaciones:  el sonido con flauta que acompañaba a los tambores; el Cireneo: esos descalzos encapuchados que con la cruz acuestas arrastraban por el pueblo una gruesa cadena; y, sobre todo, los longinos que mucha gente confunde con la representación que los sustituyó en 1956, la crucifixión del Cristo que se quemó, el sellado del Sepulcro por el capitán romano. Esto nada tiene que ver con los longinos. Esta representación se hace en casi toda la comarca de Tarazona. Los longinos es algo distinto, original, misterioso, antiguo... más de 400 años, 350 ininterrumpidos.

            Para los que no los hayáis visto nunca os lo voy a contar tal y como se celebraron el año 1953. Yo lo vi así:

            El ensayo fue en la terraza de la casa del tío Basilio Ainaga. El padre de Jaime. Casi toda la familia participaba en esta representación. No es de extrañar que haya desaparecido. Estaba el tío Basilio, su hermano Manuel, sus hijos Ángel y Eusebio y otras personas que no recuerdo ahora.

            El papel principal es el del Niño Jesús. Fue Niño Jesús, su hijo Jesús Ainaga, hoy policía jubilado. Hizo de diablo, mi primo, Víctor Ruiz Tormes.

            Os voy a describir los personajes:

            El Niño Jesús vestía de ángel con alas y portaba un escudo grande y un cetro de mando.

            Los Longinos eran seis u ocho, los que podían reunir. Vestían pantalón blanco, zapatos negros, banda azul, casaca afrancesada (roja o azul) para gorro se ponían unas mitras muy altas con rayas verticales anchas azules y rojas. Portaban lanzas largas.

            El Diablo vestía todo de negro, con botas altas de caballería con espuelas. El gorro era un birrete de tres puntas, aunque aquel año no lo encontraron y le pusieron un casco de motorista. También llevaba un chaleco de chapa, como los romanos. Portaba horca y un pergamino.

            El personaje principal era el Niño Jesús. Este andaba muy lentamente arrastrando los pies. Cuando él se paraba, todos se paraban. Se arrodillaba muy lentamente, sin prisa, al mismo tiempo que iba extendiendo los brazos. En uno llevaba el escudo, en el otro el cetro.

          Los longinos acompañaban sus movimientos echando la lanza hacia delante, también lentamente. El Niño Jesús recogía los brazos para besar el escudo. Los longinos iban echando hacia atrás las lanzas. Cuando tocaba el escudo con el cetro, todos los longinos al unísono, daban un golpe seco con las lanzas en el suelo. El Niño Jesús extendía los brazos, como un chispazo.

      El diablo iba detrás, en medio. Hacía los mismos gestos u otros parecidos. No los capté porque el diablo, como era viejo, no necesitaba ensayar. Yo intenté hacer de Niño Jesús, pero no me salía esa lentitud que exigía el guión y pusieron a Jesús que era mucho más pequeño. Anteriormente había hecho de Niño su hermano Ángel.

 

¿No merece la pena recuperarlo?

 

LOS ROMANOS Para completar la información de Antonio, decir que Luis  y Charo que junto con Miguel Ángel, el párroco, tanto se preocupan por reanimar la Semana Santa de Calcena, recogieron y limpiaron lo que quedaba de los vestidos de los romanos. Están muy estropeados. En cualquier caso, y en respuesta a la pregunta de Antonio Tormes, hay cierta inquietud por retomar la tradición de los romanos. Para ello hace falta que todos los que vivieron esa época y gente más joven nos ayuden. En muchos pueblos de Aragón están recuperando costumbres que se creían perdidas. Si en algún momento los romanos volvieran a recorrer las calles del pueblo y quisieras ser uno de ellos se lo comunicas a Charo o Luis.

   

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