Pagina de inicio de Calcena

El Eco del Isuela nº 22

página 14

1 2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15 16

 

UNA APROXIMACIÓN A LAS RAPACES DIURNAS DEL TÉRMINO MUNICIPAL DE CALCENA DURANTE EL AÑO 2000

 

  

EN LOS CIELOS DE NUESTRO PUEBLO NO SÓLO HAY BUITRES Y TORDOS. VEAMOS LO QUE HA VISTO UN EXPERTO

Durante la primavera y el verano del año 2000, después de realizar un pequeño muestreo en el término municipal de Calcena, se ha podido constatar la presencia de las rapaces diurnas que relaciono más adelante. Seguramente, un estudio más detallado arrojaría un número algo superior de especies, ya que la espléndida orografía municipal así lo sugiere.

ÁGUILA REAL (Aquila chrysaetos): durante la primavera, un individuo joven vuela por el barranco de Valdeplata..

AGUILA CULEBRERA (Circaetus gallicus): una pareja es observada a lo largo de la temporada de cría. Seguramente ocupa el bosque de la parte alta del barranco de Ojosa.

AGUILUCHO PÁLIDO (Circus cyaneus): un macho sobre vuela las laderas del barranco de Valdeplata. Sin duda es un ejemplar invernante.

HALCON PEREGRINO (Falco peregrinus): en el término municipal se asientan un mínimo de dos parejas.

CERNÍCALO VULGAR (Falco tinnunculus): una pareja cría en las Peñas de Cabo y otra en el barranco de la Covachuela. Probablemente exista alguna pareja más.

GAVILÁN (Accipiter nisus): un macho es observado en el barranco de Valdeplata y otro más en el de Ojosa.

BUITRE LEONADO (Gyps fulvus): su número ha experimentado un gran aumento en todo el territorio nacional y Calcena no es una excepción. Según los últimos datos facilitados por Pedro Vicente Ruiz Sánchez, en el año 1999, en

 

Valdeplata se esmaba la población en unas 122-123 parejas y en las Peñas de Cabo unas 20-21 parejas. Los datos para el año 2000 son muy simlares con tendencia a aumentar.

ALIMOCHE (Nephron percnopterus): el más pequeño de nuestros buitres. En el término municipal de Calcena crían dos parejas.

ABEJERO COMÚN (Pernis apivorus): escasísimo reproductor en la comunidad aragonesa, con presencia de alguna pareja en el Moncayo y fundamentalmente en Pirineos. En Calcena su presencia se deja notar durante los pasos migratorios, tanto prenupcial como postnupcial. El 19 de agosto un individuo volaba hacia el sureste.

Zaragoza septiembre de 2000

 

José Luis Ruiz Cerra

   ******************************************************

el dueño del mundo (al menos, eso creía)

Crptus estaba tirado en el suelo. Miraba a su alrededor y sólo veía las paredes de su cueva. Tenía hambre y nada que comer. Recordaba que sus padres le contaban que hubo un tiempo en que la tierra estaba llena de animales y plantas. Tiempos durante los cuales el hombre se creyó el dueño del mundo. Tan seguro estaba que empezó a eliminar aquellos animales que él suponía competidores. Mató al lobo y al oso porque se le comían las ovejas; a la garza, al martín pescador, a la nutria, ... porque se le comían los peces; a las rapaces porque comían conejos, pequeñas aves; así, acabó poco a poco con todos. Sobre la faz de la tierra sólo quedaron los animales de las granjas y aquellos que el hombre podía cazar y comer.

Pronto empezaron los problemas. Las vacas se volvieron locas, las ovejas modorras, los cerdos cogieron la fiebre porcina, la mixomatosis y la

neumonía vírica se extendió entre los conejos, las perdices que soltaban no se reproducían y las gallinas no ponían huevos de tantas hormonas utilizadas. Como no había buitres, ni otras carroñeras, los cadáveres se acumulaban en el monte y una epidemia de sarna se extendió entre los corzos, ciervos, jabalíes, ...; no quedó ni uno. La especie humana se volvió vegetariana, pero tanto había seleccionado las semillas, tanto había modificado su genética que las plagas se extendieron en las plantaciones. La ausencia de la capa de ozono hizo el resto. Nada quedó sobre la tierra. La especie humana se refugió en cuevas y se volvió canibal.

Crptus estaba tirado en el suelo y maldecía a sus antecesores. Se habían creído los dueños del mundo y habían terminado con él. Antes de morir de hambre, abrió los ojos y vió a las hormigas subir por su cara dispuestas a darse un festín.

F. Ruiz

 

página anterior                                                                                         página siguiente