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El Eco del Isuela nº 23

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EN

BLANCO

Y

NEGRO

Es bueno de vez en cuando hacer ejercicio de memoria y destapar el tarro de los recuerdos y soñar con ese pasado que ahí está y que nada ni nadie nos hará olvidar.

Fue en 1977, en realidad sólo han pasado veinticuatro años desde entonces y parece que ha pasado un siglo, cuando por primera vez paseaba por las calles adoquinadas de canto rodado pendiente arriba y pendiente abajo, el ver las casas medio derruidas llenas de vida anterior y cultura medio olvidada, del ¡agua va! por las ventanicas, de la arquitectura del yeso rojo, del ¡vete a por agua a la fuente!, el aprender a buscar nidos de cardelina, de esos baños en la Virgen las cálidas tardes de verano, de pescar barbos con la mano bajo las piedras del riachuelo de Baldeplata.

 Todo esto es memorable, teniendo en cuenta que ocurrió en una época que podría definir como de eclosión hacia un carácter receptivo, ese mirar alrededor con la sonrisa feliz e inocente y sentirte en libertad esos días y coger energía espiritual hasta el año siguiente; hacer de las peñas de Cabo, del alto de la Crucija, del Santo o de La Plana incluso del Pinar tu propio santuario, la forma más natural de ver las cosas sencillas en ese contacto directo con la naturaleza.

Como decía Charles A. Eastman ( Ohiyesa ) SIOUX SANTI:

“Entre nosotros no había templos ni santuarios, salvo los de la naturaleza. Siendo un hombre natural, el indio era intensamente poético. Consideraría un sacrilegio construír una casa para Aquel que podemos encontrar cara a cara en las naves misteriosas y umbrías del bosque primitivo o en el corazón iluminado por el sol de las praderas vírgenes, en las vertiginosas agujas y pináculos de roca desnuda y, más allá, en la bóveda enjoyada del cielo nocturno. Aquel que se recubre de diáfanos velos de nubes, allí en el borde del mundo visible, donde nuestro Bisabuelo el Sol enciende el fuego del campamento nocturno, Aquel que cabalga sobre el riguroso viento del norte o exhala Su espíritu en las aromáticas brisas del sur y cuya canoa surca los ríos majestuosos y los mares interiores -¡Aquél no necesita una catedral menor!”

Que cantidad de vivencias, de momentos dulces, tristes también pero sin rencores, todo era sincero.

Son etapas en la vida que marcan y te enseñan el valor real de la amistad por mucha distancia que haya de por medio y por mucho que uno sea no nativo.

Solo quería hacer este breve pero sincero comentario desde el lugar que me motiva a pensar a menudo en estas y otras muchas cosas que por que no se haga muy extenso yse convierta en una novela que pueda aburrir, me limito a desahogar y

desenfundar la idea de algún día poder mirar de nuevo tumbado en medio de la carretera en el puente de la Virgen hacia el infinito nocturno en compañía de personas que sienten en ese mismo instante las mismas sensaciones, compartiendo ideas y riéndonos sin motivo, porque no hace falta.

Esto es como cuando cogemos la caja metálica de membrillo donde se guardan todas fotos antiguas de familia, esas fotografías en blanco y negro que tanto gusta mirar de vez en cuando para sentirse vivo.

 

José Manuel

(Wasitxu)

 

Un amigo es alguien con quien se puede no hacer nada y disfrutar de ello. Anónimo.

En la prosperidad nuestros amigos nos conocen; en la adversidad, nosotros conocemos a nuestros amigos. John Ch. Collins.Un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta. Ralph W. Emerson

La libertad no hace felices a los hombres; los hace, sencillamente hombres. Manuel Azaña

 

 

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