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El Eco del Isuela nº 25

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San Cristóbal bendito, centinela eterno de mi querido pueblo.

En la montaña más alta y hermosa de Calcena, para cuidarnos y protegernos allí te pusieron.

Todos los años con amor y devoción te venimos a rezar y los que no podemos, desde donde estamos también te rezamos para que nos des tu bendición y en la carretera nos des tu bendición.

 

Consuelo Pérez “Tirulas”.

 

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PROPIEDADES DEL DINERO

 

Hace mucho el dinero;  mucho se le ha de amar. Hace correr al torpe, hace al discreto hombre de respetar, hace corre al cojo, al mudo hace hablar, el que no tiene manos bien lo quiere tomar.

Aun al hombre necio y rudo labrador, dineros le convierten en hidalgo doctor.

Cuanto más rico es uno, más grande es su valor. Quien no tiene dineros, no es de sí señor.

Yo vi. en corte de Roma, do está la Santidad, que todos al dinero tratan con humildad, con grandes reverencias, con gran solemnidad. Todos a él se humillan como a la Majestad.

El dinero quebranta las prisiones dañosas, rompe cepos, grillos y cadenas peligrosas. Al que no da dinero le ponen las esposas.

¡Hace por todo el mundo cosas maravillosas!

He visto maravillas donde mucho se usaba. Al condenado a muerte la vida otorgaba, a otros inocentes muy luego los mataba, muchas almas perdía, muchas almas salvaba.

Hace perder al pobre su cabaña y su viña, sus muebles y raíces. Todo lo desaliña, por todo el mundo anda su sarna y su tiña. Donde el dinero juega, allí el ojo guiña.

El hace caballeros de necios aldeanos, condes y ricos hombres de unos cuantos villanos. Con el dinero andan los hombres muy lozanos. Cuantos hay en el mundo le besan las manos.

Yo he visto a muchos monjes en sus predicaciones denostar al dinero y a las sus tentaciones, pero, al fin, por el dinero otorgan los perdones, absuelven los ayunos y ofrecen oraciones.

 En resumen lo digo, entiéndelo mejor, el dinero es del mundo el gran agitador. Hace señor al siervo y siervo al señor. Toda la cosa del siglo se hace por su amor.

 

Poesía facilitada por Maribel

 

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Un día, Nieves le hizo un merecido homenaje a mi prima, Dña. María Rico Lago. Hoy, quiero hacer yo lo mismo con Dña. Isabel Lejarraga, mi primera maestra.

      Cuando llegó en caballería, pues todavía no estaba hecha la carretera, bajó en la ermita de la Virgen y se arregló un poco, se puso zapatos, se santiguó y dijo: “Dios mío, que sea por poco tiempo” ¡pues se echó la bendición!, se casó con un mozo del pueblo y estuvo toda la vida.

      Fue una señora recta y ejemplar; enseñó a todas las niñas de Calcena que entonces éramos muchas. Nunca faltó el domingo a misa de once.  “Con sus niñas”, como ella decía, en las procesiones siempre íbamos en orden, en dos filas, ella detrás; nunca faltó.

      Por la mañana hacíamos matemáticas, geografía, historia, religión… lo que tocaba. Por la tarde labor; un paño de costura y al terminar éste ya sabíamos coser de todo.

      En invierno, cuando hacía mucho frío y nevaba, se asomaba a la ventana de la escuela, veía a las pobres mujeres en el río y decía “esto no puede ser. Voy a dar un donativo para que les hagan un lavadero”. Donó 1000 pesetas (ahora nos parece poco, entonces era mucho). Con eso y algo más que pondría el Ayuntamiento se hizo el lavadero. Espero lo conserven, en honor a ella.

      Descanse en paz con el deber bien cumplido, mi querida y siempre recordada maestra Dña. Isabel Lejarraga Peña.

Concha Torrubia

 

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