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El Eco del Isuela nº 25

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hacia arriba, con unos 5 kms. finales duros. En estos kms. finales antes de llegar al Santuario de Rodanas es donde empiezan a flaquear las fuerzas físicas, la mente se vuelve perezosa y se empieza a pensar que esta pequeña locura está en el momento más crítico,  comparativamente con una carrera de Maraton, es donde decimos los maratonianos que aparece el "señor del mazo" y te golpea sin piedad, aquí se acumulan los cerca de 60 kms. que llevabamos y el amanecer de un nuevo día, el cuerpo se encuentra extraño y el cansancio se apodera de todo. Aquí cada uno va a su ritmo y se produce el primer abandono.

Ya en Rodanas, sobre las 7,30 de la mañana, hicimos la parada más larga, aquí nos reagrupamos todos, se unieron nuevos compañeros para hacer los 40 kms. que faltaban, esto sin duda fue un aliciente para los que veníamos de Zaragoza. La gente almorzó en el bar a sus anchas (huevos fritos, chorizo...),yo a decir verdad bastante tenía con las ampollas que tenía y me dediqué más a cuidar más los piés que el estómago.

cerca de llegar a buen término. Las furgonetas nos seguían avituallando, principalmente de bebidas isotónicas, y en estos pequeños parones buscábamos alguna pequeña sombra que no aparecía por ningún lado.

Sobre las 13 horas hicimos la parada larga, de unos 30 minutos, debajo de unos árboles, aquí nos quedaban unas 3-4 horas para llegar a Calcena.

Reiniciamos la marcha, el terreno volvía a ser difícil, con 3 o 4 subidas bastante pendientes. Nos faltaba lo más duro del recorrido un puerto de unos 5 kms. y una altitud cercana a los 1.000 metros, que se hizo durísimo ya que el sol le pegaba con más intensidad. Aquí ya cada uno subía como podía y era un rosario de andadores que se separaban en la distancia. Y si duro era subir más duro era bajar el puerto, ya que los pies y las rodillas al ir bajando sufren mucho ya que tienes que ir frenándote y haces un esfuerzo añadido en las piernas. Ya acabando de bajar el puerto empezaron a pasarnos las primeras bicicletas, ponía los pelos de punta ver 

 

La siguiente etapa consistía en salir sobre las 8,30 y volver a parar sobre las 13 horas. Iniciamos el camino, cada uno salía en intervalos de tiempo que creía oportuno. Los compañeros que venían nuevos en esta segunda etapa nos ayudarían mucho ya que traían 

bajar a tanta velocidad y sobre un camino tan sinuoso a nuestros compañeros ciclistas.

Bajado el puerto nos quedaba una hora de camino por asfalto que nos llevaría a Calcena, cuando quedaban dos kilómetros nos 

consigo mucho ánimo y esto se transmitía a los que estabamos un poco tocados por el esfuerzo anterior.

Aquí el recorrido era de constantes toboganes, subidas y bajadas, que se extendían durante unos 15 kms.

Conforme avanzaba la mañana el cuerpo se adaptaba mejor al esfuerzo, parecía que sol nos daba otra vez fuerzas y nos recuperábamos del cansancio de toda la noche. Dejamos el terreno de toboganes y aquí fueron muchos kms. de un continuo llano. Aquí yo veía que la pequeña aventura estaba un poco más 

animaban las pintadas que sobre el asfalto habían dibujado. Al llegar al pueblo mucha animación, con charanga incluida y pancartas de celebración.

Llegamos 9 caminantes de los 12 que salimos, un tanto por ciento muy alto, ya que en pruebas de este estilo sobre 100 kms. no se suele alcanzar el 50% de participantes que acaban la prueba.

Especial mención se puede hacer a los compañeros de las furgonetas, que si dura fue para nosotros la prueba no lo fue menos para ellos, sobre todo por la noche  al estar circulando a 6 kms/hora durante más de 7 horas, para iluminarnos el camino. Y también dar las gracias a la organización de la prueba por la buena preparación de la Calcenada, ya que no falto de nada en los avituallamientos y también lo bien

 

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