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El Eco del Isuela nº 27

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II CALCENADA

Este año éramos más, ya nos lo empezamos a creer, llegamos a ser 215 inscritos, otros participaron  poniendo su coche disponible, sirviendo mesas, haciendo las inscripciones,  coordinando  avituallamientos, incluso hubo quién apoyó la “II Calcenada” aportando los 20 euros sin participar en la prueba.

Este año cambiamos el trazado. Es mucho más bonito; vamos que no tiene nada que ver con lo del año anterior y le damos la vuelta al Moncayo: 104 Km.,  agosto, 45 grados, y entre 22 horas y 25 horas,  como quieras andando, en bici o a caballo.

Ya están llegando personas incluso de fuera,  pero que de muy allá: hubo un alemán, una francesa, un marroquí, un venezolano… Muchos repetían que era su segunda Calcenada. Algunos incluso cambiaron de modalidad y si el año pasado la hicieron en bici, éste andando, o a la inversa.

No eran las 22:00 horas del 1 de agosto del 2003, cuando nuestro amigo Miguel Mena después de unas palabras dió la salida  a la II Calcenada. Yo creo que si no hubiera tenido que tiene que irse a Tenerife, la hace en bici. Incluso a su vuelta de vacaciones nos dio algún consejo que pensamos poner en practica.

 Primero salieron los jinetes. Trece en total, dos sobre un carro, llevados de la mano de José Ángel, uno de los organizadores, encargado de los caballos y propietario del picadero de Santa Cruz de Moncayo. Todo un profesional que se enfrentaba a los  104 Km.

Miguel Mena nos dedicaba su libro, Maldita Calamidad, cuando se daba la salida a los pateadores. Los últimos salían sobre las 22:30 horas.

Calcena-Purujosa,  casi no hacia falta la linterna. Caminábamos sobre asfalto, la noche era algo calurosa, pero curiosamente corrían unas corrientes de vez en cuando de un aire muy fresco, nada, ráfagas intermitentes. Al ver Purujosa alguno decía, “pero si parece un Belén, tenemos que venir de propio y con más tiempo  es precioso. Y eso…., ¡pero si es un semáforo!”. El alcalde Santiago,  muy acertadamente debido a que es empinada,  estrecha y muy larga la entrada al pueblo, decidió ponerlo. Hasta aquí llegaron de Calcena para animarnos.

Purujosa-Borobia, un infierno. Dijeron que a dónde íbamos, que si habíamos quedado con Dios. ¡Que pedazo de puerto! desniveles de más del 23%; estamos en la sierra del Tablado. Por algo está allí el parque Eólico. En el pabellón nos esperaban los voluntarios del café Tito, Pedro Tormes, Ángel Tormes, Yolanda González, Conchita Navarro, Noemí Miguel, con pastas, zumos. Hasta alguna bronca ya que se perdieron al llegar al pueblo y como eran de Borobia y estaban sus madres ¡menudo rapapolvo!. Estaba Blas Jiménez alcalde de Borobia y una de las personas que trabajan el observatorio astronómico de Borobia (no perdaís la

 

oportunidad. Es visitable previa petición de hora. El teléfono lo tenéis en la Web de Calcena. 976 646 339)

Borobia-La Cueva de Agreda, Salimos del pueblo y como atacaba el sueño el personal perdía el norte y así nos fue. En el primer giro, en la ermita de la Virgen el gusano que formaban las luces en la oscuridad de la noche dejó de ser uno y empezaron a formarse varios y en diferentes direcciones. El personal se perdía. Comenzamos a dar silbidos y gritos, pero algunos hicieron algún Km. de más. (Pablo Civera, si todo el mundo toma café porqué tomas zumo, y frio, “canalla” . ¡Que cuerpo le quedó al mozo!, realmente lo paso mal). Llegamos al abrevadero de la Cueva. Comenzaba a amanecer y estaba refrescando. Algunos casi nos bañamos. Parecíamos como levantados de un mal sueño. Se decía  que podíamos ir a la casa rural ”preciosa, visitarla” y dormir. Otros tomamos unos huevos fritos; a mi me hicieron daño pues soy ¡pero que muy tripero!. Buenos tragos de agua, fruta, frutos secos, galletas y adelante.

La Cueva-Agramonte, aun no salimos del pueblo y comenzamos a subir. Suena el móvil; es José Luis Royo, otro que no duerme. Quiere confirmar los puntos donde hemos dejado agua a enfriar. De día la cosa cambia y más cuando ves delante de ti  una cuesta que sube y sube, ¡que pasada el alto del Águila!. Miro a Antonio Trillo. El hombre, con un color no muy normal, mete la mano en su mochila, saca un aerosol y se  mete dos chutes. Comemos unos plátanos, bebemos botellines de agua y dice, ¡que continuamos!. Todo nuestro esfuerzo se centra en querer saber si los que van por delante han llegado a Agramonte y la cadena esta abierta, ya que si no es así los vehículos deben de dar la vuelta y menudo follón. No establecemos contacto; los móviles tan apenas tienen cobertura en los 104 Km., pero el Forestal Pedro Vidal, cumpliendo con su palabra ha abierto la cadena y la deja abierta, pudiendo pasar los vehículos. (Gracias Pedro)

Aquí alcanzamos a un grupo donde unos, aun diciéndoles que son 14 Km. de cuesta abajo, abandonan. Hay un Venezolano, que no tenia, ni pies, (eran una ampolla) ni calcetines, le invitamos a abandonar pero nos convence de que le dejemos unos calcetines y que continua. No llegó a Agramante.

Agramante-San Martín del Moncayo, Por ahí la crítica a la organización comenzaba a subir de tono. Algunos sabían que de allí a Litago pasando por el Parque eran algo más de 4 Km. y no los casi 14 que íbamos ha hacer. (Habíamos quedado de palabra con el Sr. Director del Parque del Moncayo, Enrique Arrechea que no pisábamos el Parque, y así lo hicimos. Está escrito que las pruebas deportivas aunque no sean competitivas no pueden acceder al Parque del Moncayo. Comentamos el trazado de la prueba con Enrique y nos orientó en el trazado de alguna  etapa). En San Martín estaban Alejandro, José Antonio y José Antonio, con un avituallamiento, pero ¡que coincidencia! 10 metros antes de llegar la puerta del bar San Martín ¿Dónde te

   

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