Pagina de inicio de Calcena

El Eco del Isuela nº 28

página 15

1 2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15 16

 

     COLUMNA PARA HACER PENSAR

Adivinanzas

1.- Si lo pones, el agua quieta está. Si lo quitas, el agua se saldrá ¿qué es?

2.- Uno larguito; dos más bajitos; otro chico y flaco; y otro gordonazo ¿qué son?

3.- Te pones ante mí y te ves a ti ¿qué es?

4.-Mi cuna es mi sombrero y mi sombrero es mi tumba ¿quién soy?

5.- Tiene orejas largas y tiene cola pequeña; en los corrales se cría y en el monte tiene cuevas ¿quién es?

6.- Tiene forma de cazuela; con alas, pero no vuela ¿qué es?

7.-Apedíllame Rey y no tengo reina; dicen que soy rubio y no tengo pelo; afirman que ando y no me muevo ¿quién soy?

8.- ¿Qué es una cosa qui-quiricosa, que entra en el río y nunca se moja?

9.- Casa formada de vestiditos de animales, para cinco hermanos desiguales que hacen dentro su morada ¿qué es?

10.- ¡Mis cuernos! Dijo la cabra. ¡Mi lengua! Dijo la serpiente. Pero no balo ni pico ni muerdo, a pesar de que tengo dientes ¿quién soy?

11.- Aparece al alba en el musgo y se abre como un paraguas ¿qué es?

12.- Lentamente y solo transporta su casa por encima de las ramas y las piedras ¿qué es?

13.- Dos arquitas de cristal, que abren y cierran sin rechistar ¿qué son?

SOLUCIONES

1.- El corcho. 2.- Los dedos de la mano. 3.- El espejo. 4.- El caracol. 5.- El conejo. 6.- El sombrero. 7.- El sol. 8.- La luna. 9.- Los guantes. 10.- La horca de la era. 11.- La seta.- 12.- El caracol. 13.- Los ojos

UNA APUESTA CON EL DIABLO. Cuento popular

         Hace muchos años andaban el Diablo y San Crispín, tentándose y divirtiéndose el uno a costa del otro. Os voy a contar lo que el Diablo discurrió para, en un mes, atrapar el alma de San Crispín.

         A San Crispín le dio por convertirse en labrador. Arrendó un campo, lo aró, lo cultivó y lo puso de tal modo, que era una bendición. Entonces, el Diablo cogió unos bueyes, los llevó a otro campo y se puso a trabajar como si no tuviera qué comer. Cada gota que sudaba era mayor que una uva. En cuanto terminó se fue hacia San Crispín.

.- ¡Hola, hola! – dijo el Santo cuando le vió llegar- ¡Ya tenemos tentación!

.- Ya ve usted- dijo el Diablo con la cara compungida- también yo me he metido a labrador. Eso de trabajar es cosa muy buena, que le conviene incluso a la salud y la vida se pone de tal modo que una buena cosecha, a nadie le estorba.

.- Si señor, a nadie le estorba –dijo San Crispín con dulzura.

.- Precisamente -continuó el diablo- se me ha ocurrido que si usted fuera listo, además de su cosecha podría quedarse con la mía. Sembraré una simiente, la verá crecer y si acierta su nombre, toda la cosecha de mi campo irá a meterse en su granero. En cambio, si a la tercera no acierta, será mía la cosecha de su campo.

         Le gustó la proposición a San Crispín y el Diablo se puso loco de alegría; tenía la seguridad de que el Santo caería en la trampa. Compraría la simiente en una población secreta y el Santo no acertaría su nombre, perdería su trabajo, quedaría reducido a la miseria y acaso en un momento de cólera diera pataditas contra el suelo y levantara los puños. Se dedicó San Crispín a recorrer las tierras de sus vecinos y en cuanto hallaba una planta cuyo nombre desconocía, preguntaba,

.- ¿Ésta?, la zanahoria, ¿ésta? El nabo, ¿ésta? El perejil?...

Pero que pena y pasmo los de San Crispín. Empezó a florecer la simiente sembrada por el diablo y no conocía su nombre. Nadie la cultivaba en el lugar y nadie le daba razón. El Diablo, para despertarle el enojo, pasaba todos los días por la puerta de su casa, cada vez más hinchado y más convencido de su triunfo. Pero una mañana, se levantó San Crispín, que era una Gloria contemplarlo. Y cuando, como siempre pasó el Diablo, le hizo aproximarse y le advirtió,

.- Ten cuidado con el campo, que anoche di una vuelta por allí y vi revolcándose en él una bestia muy extraña.

Desapareció el Diablo y se propuso velar para que la bestia no le echara a perder el negocio. En cuanto llegó la noche, se metió San Crispín en un cubo de miel, se revolcó en un montón de plumas y fue al campo del contrario. Su aspecto desconcertaba; tenía traza de animal, de hombre y de pájaro. En cuanto el diablo comenzó la vela, se puso a caminar a cuatro patas, metiéndose en los surcos y roncando tremendamente en ocasiones. El Diablo, que le vió, tuvo que santiguarse. Nunca imaginó que existiera un monstruo así en el mundo. Temblaba de miedo y empezó a sentarse mal, pero pudo sacar fuerza para espantar al monstruo.

.- ¡Monstruo! –gritó- ¡que me estás estropeando las lentejas!

Llegó el día terrible. El Diablo se acicaló para visitar al Santo y se presentó en la choza con una arrogancia tan provocativa que otro Santo que no fuera San Crispín le hubiera echarlo a puntapiés.

.- ¿Sabe usted a qué vengo? ¿Recuerda la apuesta? Si a la tercera no acierta toda su cosecha será mía. ¿Qué sembré en mi campo?

.- ¡Lino!, .- ¡No!, .- ¡Mijo!, .- ¡Tampoco! -el Diablo bailaba de alegría.

.- Por última vez Crispín, ¿qué tengo en mi campo?.

.-¡ Lentejas, hombre, lentejas!

El Diablo saltó un bufido y salió más corrido que una liebre.

  página anterior                                                                                     página siguiente