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El Eco del Isuela nº 3

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  COSTUMBRES DE CALCENA

 

        Parece que se ha despertado un gran interés en conocer como vivíamos hace años los chicos de Calcena. Intentando mantener ese interés voy a exponer, lo más sencillo posible, cómo pasábamos nosotros, por los años 60 un día cualquiera de la vacaciones de Navidad. No olvidemos que no teníamos teléfono, ni radio, ni televisión.

 

      Por ser un día más llamativo para los niños, voy a escoger el día de Reyes que yo recuerdo. Durante la noche habíamos colocado nuestro calcero, botas, alpargatas y zapatos sobre el alfeizar de la ventana por si caía algo. Sabías que eso de Los Reyes Magos era un cuento. Estabas convencido de tus alpargatas estarían vacías, pero por si acaso...

 

      El gallo de casa daba los primeros ki-ki-ri-kis. A lo lejos varios gallos, casi a la vez, respondían: ki-ki-ri-kiiii...

 

      La claridad de la mañana hacía pasar la luz por entre las rendijas de la ventana. Al abrir el ventanillo la luz radiante te hacía cerrar y restregarte los ojos. Los tejados estaban blancos, cubiertos con un palmo de nieve. No se notaban las ondulaciones de las tejas. Algunos jirones de nieve colgaban por los ribetes de las chimeneas y por los salientes de las paredes. El Romeral aparecía liso con algunos abultamientos de las matas más altas. Las Peñas de Cabo con su techumbre blanca y los claroscuros de sus oquedades rocosas. En las eras ladraba un perro pastor. En la calle, algunas pisadas de los más madrugadores habían hecho un sendero y ... ¿las alpargatas?. Envueltas de nieve y caladas.

 

      Los Reyes, como siempre, no habían pasado. No te sentías marginado, como dicen ahora, aunque supieras que otros chicos del barrio pudiesen tener algún regalo.

 

      La verdad es que los mejores juguetes nos los fabricábamos nosotros. Con dos tablas de un cajón viejo de sardinas nos hacíamos una furgoneta. De un palo redondo sacábamos las ruedas, los ejes y hasta le hacíamos un volante en forma de T que le hacía girar las ruedas delanteras. También nos hacíamos pistolas-lanzachinas. Eran estupendas. Es decir que para fabricar cualquier juguete de estos nos pasábamos varias tardes entretenidos.

   

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