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El Eco del Isuela nº 31

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            Seguidamente se procedía a pintar suavemente con un tinte especial las superficies de las caras con  estrías que llevaba la piedra.

 Esta operación de pintado también se realizaba en la piedra inferior que era fija (Solera).

            Las estrías con el roce se desgastaban y una vez comprobadas las zonas desgastadas, se procedía a su marcado y con unas piquetas especiales se hacían las estrías  de las piedras para volver a sacarles los trazados que llevaban de nuevas.

            Estas piedras estaban fabricadas Francia, en piedra especial y estaban rodeadas de unos anillos metálicos (cellos) para evitar su rotura por el calor que  adquirían durante su funcionamiento.

            Durante esta reparación había que cortar el agua desviándola al rió, lo cual nos permitía coger algún barbo que había en el cauce del carcabo (desagüe de la turbina).

            Las harinas molidas se limpiaban de la cáscara (Salvado) del trigo pasándolas por unos tornos de distintas telas metálicas finas, con lo cual se conseguía una harina limpia y de alta calidad (según la clase del trigo que cada cual entregaba) no mezclando ninguna talega ya que cada una llevaba el nombre de su propietario.

            Todos los días mis tíos/as recorrían el pueblo con una caballería que portaba un collar de campanillas que los vecinos identificaban para  entregar el cereal y entrega de la harina en las casas correspondientes.

            Yo les acompañaba y participaba en las labores por lo que puedo decir que yo también fui molinero en Calcena.

            Con relación a los molineros se cantaba una jota popular que decía:

 

Del trigo sale la harina

De la harina los molletes

Y de las molineritas

Salen los molineretes

 

.           Todas estas labores eran para mí, como un juego, pues su novedad hacia que las vacaciones del verano fueran muy alegres y entretenidas.

 

                    Tarazona Junio 2005-06-02

Mis Calcenadas (2)

Por José María Tejero Ubau

            Visitando las Paginas Web de El Eco del Isuela en su nº 14 Pág. 6,7 y 8. He encontrado un relato relacionado con los Molineros y anécdotas de Calcena, y me llama la atención que el Sr. Doroteo, no recuerde los molineros que había en aquellos años.

            He de decir que durante las décadas 30/40/50 estuvieron funcionando tres molinos de harinas, en  Calcena y en ellos se criaron los 6 hijos de mis abuelos Faustino y Gloria.

            Mi abuelo Faustino (Morrete) molía  primeramente en el “molino de en medio”, después en el de “abajo”, y finalmente en el del “pueblo”.

            Al cambiarse mi abuelo la 1ª vez de molino, mi tío Francisco Ubau que se había casado, se puso de molinero en el “molino de en medio”, que además de moler cereales durante el día, al anochecer hasta las nueve de la noche producía todos los días la energía eléctrica para el alumbrado de Calcena  y Talamantes, en días alternos, y cuando no había alumbrado eléctrico en las casas se utilizaban candiles de aceite y lámparas de carburo con gas.

            Más tarde, cuando sus hijos marcharon al servicio militar y eligieron otra forma de vida, mi abuelo cambio otra vez de molino, esta vez más cerca del pueblo en el “molino de la Sra. Celsa” que estaba más abajo del horno de la tahona.

            Recuerdo que venían al molino, vecinos de Talamates y Oseja con caballerías a moler el trigo y también los Delegados a revisar los libros de las talegas que se molían y era difícil encontrar anomalías porque los únicos que venían en coche eran ellos y se divisaban con facilidad desde el monte y cuando llegaban todo era de consumo legal.

            La tahona era un horno que no tenía nada que ver con el molino que era de otra propiedad.

            Yo conocía todas las huertas y parajes desde San Roque, al Batan, incluido el pozo del Sr. Herminio donde tantas veces se bañaban los mozos del pueblo, y lo mismo en Pozos Altos  en el Batan, con su puente romano.

            El trabajo del molinero consistía en saber moler los cereales. Para ello había que tener mucha práctica de oficio y tacto, para saber tocar la harina a la salida de las piedras, tanteando su temperatura y fineza, también la calidad de los trigos era importante y cuando estas cualidades no eran buenas, el molinero se veía obligado revisar el estado de la superficie de las piedras.

 

            Para ello había que desmontar la tolva del molino y con un útil que el molino llevaba adosado se procedía a elevar la piedra móvil, (volandera) la cual iba provista de dos agujeros en el diámetro exterior en los cuales se introducían unos ejes que servían para elevarla y  a la vez girarla verticalmente para ver el estado de las estrías, en las dos piedras.

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