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El Eco del Isuela nº 32

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RECUERDOS DE UN
MAESTRO.
Pedro Málaga Trigo

           La Calcena que yo conocí era de población escasa; no recuerdo el número de habitantes, pero en mi aula sólo sé que comencé con 10 alumnos y acabé el curso con 8. Cada mañana, muy temprano, la gente preparaba la yunta de machos y se marchaba labrar sus queridos campos. Otros, como Tadeo y su hermano, alternaban el pastoreo con la agricultura, en días alternos, como buenos socios que eran. Pero al encontrar José María colocación en una portería y Tadeo un trabajo más seguro, emigraron. Calcena se iba vaciando sin remedio. Y no sólo los del campo; también se fue el matrimonio de médicos: Doña. María Jesús y D. Joaquín, a tierras toledanas para poder hacer él su especialidad en odontología. Más tarde se vació el cuartel de la Guardia Civil y, poco a poco, sin poder evitarlo, los maestros no pudieron pedir allí una plaza porque los niños no abundaban. Total, más mayores que jóvenes matrimonios.

Vicenta Ruiz García, nacida en 1936 –Calcena-

Fotografiada  en la escuela de Calcena.

Padres: Juan Ruiz Pérez y Candelaria García Royo. Reside en Caspe (Zaragoza)

       ¡Qué frío hacía durante el invierno en las aulas! Aún recuerdo cómo los maestros –allí estaba la calcenaria Mari Carmen Modrego con su recién estrenado título- aprovechábamos el sol a la hora del patio, porque las estufas de leña no reaccionaban hasta bien entrada la mañana. Los niños y niñas, como buenos niños que eran, por su actividad no aparentaban tener frío. Recuerdo a Carlos, José Antonio, Blanquita -¡qué preciosidad de niña con sus cabellos todos rubios-, a los hijos del Sr. Modrego –por entonces alcalde de la villa-, a los de Ripalda –hijos de un Guardia Civil- a los Cardiel Uceda a los que les faltaba el padre y su madre los cuidaba con esmero y sumo cariño. ¡Qué poco teníamos –docentes y alumnos- por aquella época! Pero había alegría y felicidad. Nos acostumbramos a vivir en la austeridad. Por eso, un día de otoño, sin pensarlo dos veces, todos, profesores y alumnos, cogimos el camino de Purujosa y nos adentramos a buscar setas. Lo hicimos con tanta afición que conseguimos coger unos 120 kg.

Escuelas de Calcena. De izda a dcha: Maria Victoria López, Blanca Torrubia y Maria Pilar. Hacia 1964.

 

El tendero que había junto a la plaza –ya me falla la memoria y no recuerdo su nombre- nos los compró y gracias a eso pudimos adquirir una red de bolea y dos o tres balones de cuero ¡fue todo un lujo!

            Allí aprendí a resacar el jabalí con gente tan sana como el Royo, don Joaquín, don Ignacio, un señor jubilado –quizás se llamara Matías- y más gente, cuyos nombres ya se me han olvidado. Cazar, lo que se dice cazar, nunca tuvimos suerte, pero el día se pasaba requetebién. No obstante, cada domingo, antes de partir hacia el monte, acostumbrábamos a ir todos a misa primera para cumplir con el precepto dominical –eran tiempos del nacional-catolicismo- y, aunque el cura no pasaba lista, siempre sabía quién iba y quién no. Era don José Luis que como sabía que algunos de los que

Calcena 1940-41. Justa y Montse Pasamar.  Escuela de Calcena.

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