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El Eco del Isuela nº 34

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¿UNA MURALLA EN LA PLANA?

Desconozco si os habréis dado cuenta, pero en la Plana situada entre el barranco de la Ojosa y el de la Plana (a la derecha del barranco de la Ojosa según se mira desde el puente), y a unos 100 metros dirección sur del precipicio que se asoma sobre la Cueva Bolinchera, se encuentra una pared de metro y medio de espesor, compuesta por dos hiladas de piedras grandes en ambas caras exteriores y entre ellas rellenas de piedras más pequeñas, y que atraviesa toda la Plana de Este a Oeste, en los 200 metros, más o menos que mide de ancho. Las piedras no están unidas por argamasa (forma contractiva en “piedra seca”). Hemos preguntado a los mayores del pueblo; muchos desconocen su existencia y otros dicen que es obra de pastores para encerrar ganado, pero ¿que pastor hace un cerrado con paredes de metro y medio de grosor, con piedras que no se levantan entre dos personas y de 200 m de longitud?. Los poblamientos prerromanos se encontraban en cerros elevados, fáciles de defender, con proximidad al l agua y cerca de vías de comunicación.
Todos estos aspectos reúne la Plana: fácil de defender, con un río cerca y en una de las vías de comunicación desde la meseta castellana. En una de las posibles vías de entrada desde el barranco de la

Ojosa, existe una pared obtenida mediante el tallado de la roca que sirve de defensa de ese acceso.
No debemos de olvidar que en Oseja, en el cerro que está por encima del pueblo, existe un poblado celtibérico.
Desgraciadamente no tenemos conocimientos ni medios para estudiar la zona ni los posibles hallazgos, por lo que si alguien de vosotros o persona conocida desea conocer la Plana estaremos encantados de acompañarle, con una condición: que lo que encuentre lo cuente en El Eco del Isuela.


Calcena-Celtiberia

 

F. Ruiz.

 

LA CELTIBERIA.

Un resumen de la conferencia impartida por Gloria Pérez (Oseja) con motivo de la entrega de la TESELA CELTIBERICA a nuestra Asociación Cultural. Texto cedido por la autora.

La Celtiberia Aragonesa afecta a la parte occidental de los territorios al Sur del Ebro; eran los celtas de Iberia. La Celtiberia se dividía en la Citerior (los valles del Jalón y del Jiloca) y la ulterior (los altos valles del Duero y del Tajo). Los lusones ocuparían la parte más occidental, desde la sierra del Moncayo, al alto Jalón. Estas gentes celtibéricas encontraron en este territorio y durante el siglo IV antes de Cristo, un lugar estratégico de paso hacia la Meseta y dos valles, el Aranda y el Isuela, con grandes recursos naturales. Poblados como el de los Casares y el Castillejo en Aranda, Peña la Muela y L´udón en Oseja, el Calvario en Gotor, Tergacom en Tierga, el Tremedal en Trasobares y Purujosa.
Los poblados se asientan en zonas elevadas, cerros amesetados, con una excelente situación estratégica que domina el territorio, por razones de prestigio, control y defensa, próximo a rutas comerciales y a las zonas de exploración económica.
Los poblados tienen un muro de cierre, muralla tipo sandwich en piedra, donde se abrían puertas que daban acceso a la calle central. Las casas tienen una planta rectangular, alargadas, con paredes medianeras, adosadas entre sí en un esquema que se repite en todo el valle del Ebro. Las casas se construían con cimientos de piedra, colocados sobre la roca para mejorar la solidez de la construcción. Se utilizaba la técnica llamada de la piedra seca que consistía en utilizar la piedra desbastada, pero no escuadrada, en bloques regulares, unida generalmente con arcilla e introduciendo pequeñas piedras en los espacios entre bloques. Este zócalo de piedra medía unos 70 cm y la parte superior del muro se recrecía

con adobe. El adobe se recrecía con arcilla líquida para impermeabilizarlos. Las cubiertas de las viviendas eran planas o ligeramente inclinadas, de una vertiente. Estaban formadas por cañas, ramas y material vegetal, recubierta con arcilla para aislarla y protegerla de la lluvia y el viento. En su interior había postes de madera que daban solidez y el suelo era de  tierra apisonada. Las casas estaban divididas en una estancia principal, que tenía un banco corrido y el hogar, y una despensa.
Estas tierras celtibéricas trazaron una red de caminos indígenas de comunicación. Roma los aprovechó. Existía una calzada romana que pasaba por el norte del Isuela que desde Cesaraugusta se dirigía a Artúrica (Astorga). Al sur del Aranda, estaba la calzada que desde Cesaraugusta iba a Emérita Augusta (Mérida). A esas dos vías principales se añaden pequeños caminos naturales que siguiendo el recorrido de los afluentes del Jalón, se adentraban en el sistema Ibérico y tierras limítrofes.
Una de las principales riquezas era la minería. Los autores antiguos ponderan la calidad del hierro. El Aranda y el Isuela cuentan, además del hierro con las minas de plata, cobre, estaño y plomo de Calcena que bien pudieron abastecer de materia prima la producción de denarios en los dos últimos siglos antes de nuestra era.
Adoraban a la naturaleza. El río Isuela genera gargantas que permiten rendir culto a la naturaleza. Los cadáveres de guerreros muertos en combate eran devorados por los buitres, para que así su alma subiera al cielo. Al resto lo incineraban y depositaban sus cenizas en urnas. El humo llevaba su alma al cielo.

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