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Es un cuento recogido por el general Nogués en el
Somontano del Moncayo, en la segunda mitad del s. XIX y entra
dentro de las leyendas aragonesas en que el diablo sale engañado.
Sucedió que San José y la Virgen huyeron
con el Niño de la persecución de Herodes y fueron a parar, nada
menos, que a Calcena, donde tuvieron que cambiarle las herraduras
a la borrica, poniéndolas al revés para engañar a los
perseguidores que les daban alcance. El herrero accedió a hacerlo
si se le pagaba por su trabajo o se le concedían cuatro gracias,
una por cada herradura. La Sagrada Familia no tenía dinero, pero
concedió las gracias apremiada por el peligro. Las gracias
fueron: que quien se suba a la higuera que hay enfrente de la
herrería no pueda bajar de ella si no lo autoriza el herrero; que
quien se siente en el banco de junto a la puerta no pueda
levantarse sin su permiso; que quien beba vino de la bota se quede
con el brazo en alto y no pueda bajarlo hasta que no le diga; y
que quien meta la mano en el agujero junto a la fragua no pueda
sacarla sin su permiso.
Cuando el diablo quiso llevarse al herrero al infierno,
mandó a buscarle, sucesivamente a cuatro diablos que quedaron
atrapados en la higuera, en el banco, con el brazo levantando la
bota de vino y con la mano en el agujero donde dijo que tenía las
onzas de oro. Mientras tanto fueron apaleados por las mujeres y
los chicos de Calcena, hasta que el herrero los dejó libres con
la promesa de dejarlo en paz.
Tomado
de: A. Beltrán. Leyendas Aragonesas. Ed. Everest. León. 1990.
247 pág.
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