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El Eco del Isuela nº 9

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CARTA ABIERTA A "EL ECO DEL ISUELA"  

 Queridos amigos: con alborozo y gratitud llega a mis manos el Boletín Informativo de la "Asociación Cultural Amigos de la Villa de Calcena" que se propone y consigue mantener el fuego sagrado del arraigo de sus gentes, hoy poco más de un centenar, cuando fueron más de 700 hace un siglo, las uqe siguen firmes y sin rendirse en el pueblo y suavizar las heridas de la emigración de quienes se han visto obligados a sucumbir al destierro, forzados a dejar su casa y su tierra. Aragón necesita, sin duda, hallar bases económicas en las que apoyar su presente y su futuro, pero, sobre todo, perentoriamente, exige amor, comprensión y tolerancia que nacen de un mejor conocimiento de sí mismo y de anudar con fuerza las realidades presentes con las raíces del pasado.

 

He dicho muchas veces que los pueblos y sus gentes son como árboles de los que admiramos la fortaleza del tronco, la belleza de las hojas y las flores y la riqueza de sus frutos, pero que se mantienen erguidos altaneramente en pie y fructufican gracias a las raíces, casi siempre terrosas y oscuras y permanentemente ocultas, pero que hacen posible que el árbol viva, crezca y florezca.

 

  Aragón y sus pueblos son distintos de las tierras vecinas por imperativo de la Historia reflejada en monumentos, en el derecho, en las costumbres peculiares en relación con el clima, el paisaje y la economía, y en los modos especiales de sentir y obrar que prestan fuerza a nuestras posiciones frente a la vida. Con frecuencia derivan tales verdades en la falsa hojarasca del chascarrillo y en la ingenua y perniciosa ejecutoria del baturrismo. Los tópicos, que para muchos nos definen de un modo banal y no pocas veces alicorto, tienen una fácil corrección. Basta con conocernos mejor para que nazca el amor y se destierre el desánimo.

 

 Es, en definitiva lo que se propone "El Eco del Isuela" y de ahí mi alegría por leer el boletín y mis palabras de gratitud y de estímulo para que el centenar de gentes presentes de Calcena y los varios centenares que la llevan en el corazón desde lejos conozcan mejor su pasado, se aferren a sus raíces para que el árbol que componen robustezca su tronco y embellezca su futuro con hojas, flores y frutos. Piense cada habitante del pueblo o quienes lo añoran desde lejos que el que generación tras generación se hayan afincado sus viejos abuelos en el mismo lugar riendo y gozando a diario, tras haber nacido en una de sus casas y para dejar sus restos en el  común  camposanto,  responde a una constante de siglos que explica el presente y el futuro.

     

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