Pagina de inicio de Calcena

El Eco del Isuela nº 9

página 5

1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11  

 

PARTICIPACIÓN, FUNDAMENTO DE LA VIDA EN COMÚN

 

Ser humano significa participar. Sólo cuando uno participa, cuando colabora, se siente vivo, útil, activo, importante.

 

El hombre ha sido creado para vivir en comunidad. Necesita convivir con otros si quiere realizarse como persona. Pero no basta con compartir un territorio. También hay que cuidarlo, mimarlo, amarlo. Además del tabique común, además de los "buenos días" y las "buenas noches", los vecino deben compartir actividades que les hagan sentirse verdaderos amigos, orgullosos de su acción, ejemplos del buen hacer.

 

Si unos y otros no nos ayudamos, si no luchamos por hacer de nuestro entorno un mundo mejor, pronto nos veremos como extraños, ajenos los unos a los otros, como máquinas que sólo funcionan por interés.

 

La vida en sociedad requiere un compromiso de acción por parte de los habitantes en todo aquello que ayude a conseguir su bienestar.

 

  No siempre es fácil. A veces exige un sacrificio de uno u otro modo. En otras ocasiones supone una dedicación extra de tiempo. Incluso es sencillo caer en la tentación de pensar que uno ya ha hecho demasiado y ahora les toca a los demás.

 

Si nos dejamos llevar por estas actitudes nunca conseguiremos nuestro propósito de una vida común, pacífica y agradable.

 

La participación en las actividades sociales cuenta con muchas más ventajas que incovenientes. Cualquier persona interesada por su propio bien y el de los demás no podrá ponerlo en duda.

 

No es sólo la tranquilidad que a uno mismo le produce. Hay que contar también con los resultados prácticos que se consiguen: las comodidades, las facilidades, las oportunidades, las mejoras, las posibilidades de diálogo, de comunicación, de conocimiento.

 

El avance es incuestionable y necesario. De otro modo las sociedades quedarían estáticas, ancladas, atrasadas, inhabitables.

 

Por fortuna, el fenómeno no es común. Todas las comunidades en mayor o menor medida, consiguen la colaboración de sus miembros. También la nuestra, por supuesto. Pero nunca basta. No podemos quedarnos de brazos cruzados, viéndolas venir. Uno nunca puede pensar que ya ha hecho bastante, o que la comunidad ya tiene lo suficiente, que no necesita nuevas mejoras. El mundo avanza y detrás de nosotros vendrán otros que deben coger el relevo del progreso, de la participación, de la solidaridad. Pero no podrán empezar desde cero. Necesitan de nuestro impulso. Si nosotros no nos preocupamos por asegurarles un lugar gratamente habitable, ellos tampoco lo harán. Continuarán de brazos cruzados hasta que alguien se dé cuenta de que el verdadero secreto de la buena convivencia está en la participación y en la colaboración.

   

página anterior                                                                       continúa en la página siguiente