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El Eco del Isuela nº 9

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CALCENA EN LOS EPISODIOS

NACIONALES

En 1843 nació en Las Palmas Benito Pérez Galdós. LLegó a ser diputado liberal y posteriormente republicano en los años 1906 y 1910. Tras Lope de Vega es el autor más fecundo de la literatura española. Entre 1873 y 1879 escribió las dos primeras series de los Episodios Nacionales, conjunto de novelas basadas en la Guerra de la Independencia. Uno de los episodios es el dedicado a Juan Martín Diaz "El Empecinado", labrador castellano que en 1808 empezó la lucha contra los franceses y que fue el primero en organizar una guerrilla a gran escala, actuando en distintas provincias. En sus correrías llegó hasta Calcena, hecho que decribe Benito Pérez Galdós y que reproducimos más adelante. 

 JUAN MARTÍN "EL EMPECINADO"

 CAPÍTULO X 

Dábase a todos los demonios el General en jefe, cuando llegó otro correo de don Saturnino Albuin diciendo que juntos éste y mosén Anton Trijueque habían ganado una gran victoria en Calcena, matando setenta franceses.

- Váyase lo uno por lo otro -dijo el Empecinado-. Ya sabía yo que la mano derecha de don Saturnino había de dar algún porrazo bueno por ahí... Pero se ha levantado el sitio de Borja y eso no me gusta. Señor don Vicente, entre Albuin y Trijueque se proponen hacerme pasar por un monigote...Que ganen  batallas enhorabuena, pero sin echarme abajo mis planes; porque yo tengo mis planes, y mis planes son atacar Borja  y después a Alagón, para obligarles a que saquen tropas de Zaragoza... Pero vamos, vamos a Calcena a ver que  victoria ha sido esa. Esos dos guerrilleros de Barrabás merecen al mismo tiempo la faja de generales por su bravura, y cincuenta palos por su desobediencia. En marcha.6

  Al llegar a Calcena, después de medio día de marcha, advertí que el General era recibido por la tropa con alguna frialdad. Parte del pueblo ardía y los desgraciados habitantes, más cariñosos con don Juan Martín que su misma tropa, salían al encuentro de éste, suplicándole pusiese fin al incendio y al saqueo. Una mujer furiosa adelantóse por entre los caballos, y deteniendo enérgicamente por la brida el del General, exclamó más bien rugiendo que hablando:

- ¡Juan Martín, justicia! ¿Te has alzado en armas contra España o contra Francia?

- ¿Es señá Soleá?...La misma. La amiga de mi mujer...¿Señá Soleá, qué le pasa a usted?

- Juanillo, Juanillo, ¿mandas soldados o bandoleros? ¡Malos rayos del cielo te partan! Nos saquearon los franceses anoche, y esta mañana nos han saqueado los tuyos... ¿Que cuadrillas de tigres carniceros son éstas que traes contigo?

- Veré lo que pasa -dijo el General frunciendo el ceño.

- Juanillo, después que eres General, ya no se te puede hablar de tú - añadió la mujer, cuya fisonomía revelaba el mayor espanto-. Yo te conocí guardando los guarros de tu padre el tío Juan...yo conocí a la señá Lucia Díez, tu madre...Si no nos haces justicia, iremos a decirle a doña Catalina Fuente que eres un  asesino... Juanillo,  esta  mañana  han  fusilado a mi   marido   porque   no   les   quiso   dar   unos   pocos  pesos 

   

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